Archivo de diciembre de 2007
Hoy 30 de diciembre es el tercer aniversario de una tragedia que ocurrió en Buenos Aires, la capital de la Argentina, en 2004. Ese día murieron 198 jóvenes de ambos sexos y muchos otros sufrieron traumas que aún perduran. Fue en el incendio de un local para espectáculos que no cumplía con las condiciones necesarias para su función. La capacidad para albergar espectadores estaba excedida al doble de lo permitido y se mantuvieron cerradas las puertas de salida para emergencias. Se lo conocía como “República de Cromañón” y funcionaba, como muchas cosas en nuestro país, por obra y gracia de la corrupción. Esto ya fue probado por la justicia, que impuso penas -no muy severas- a algunos funcionarios y empleados policiales. El empresario que lucraba con ese local inhábil, donde se privilegió el ingreso de dinero por sobre la vida humana, está en libertad mientras se sustancia el juicio. Igual los músicos, cuya responsabilidad aún no se ha establecido. La tragedia trazó una raya entre la sociedad solidaria y los funcionarios y ha puesto en evidencia las fallas, por acción y por omisión, de nuestra sociedad.
Dicen, y no es difícil estar de acuerdo con eso, que lo peor que puede pasarle a alguien es que muera un hijo. Este es uno de esos golpes que César Vallejo calificaba como “golpes del odio”. “Hay golpes tan duros en la vida, yo no sé; golpes como del odio de dios” escribió el poeta peruano en París, un día cualquiera.
Los golpeados por el odio fueron chicos argentinos parecidos a muchos, pero únicos: mimados, a veces reprendidos, siempre amados, estaban llenos de sueños, de proyectos, de esperanzas. Su destino nos sacudió a todos. Pero ninguna muerte es en vano, ninguna vida se pierde definitivamente y ellos, los pibes que se fueron y muchos de los quedaron, nos están guiando en la difícil tarea de sanear la ciudad. Si se logra que no haya otros sucesos como ese, los chicos habrán ayudado a crear una sociedad mejor. Sabemos que esto no es un consuelo para los padres pero, a ellos, le decimos que tengan al menos una certeza: todos los padres del mundo estamos con ustedes.
Políticos ineficaces, empresarios codiciosos, policías y funcionarios corruptos, algún público molesto porque las marchas perturban su “fin de año”, son los cromañones en nuestra República. Una república que puede volver a repetir sus tragedias -no lo permita el dios bondadoso- por el odio de esas “autoridades” siempre dispuestas a golpear con la omisión de sus deberes. Por dinero.
Este día, en la tradición pagana, era un día donde se permitía sobrepasar los límites en un clima de jolgorio, sin culpas y sin represalias. La tradición cristiana en cambio reivindica la inocencia de los niños menores de dos años que fueron asesinados por Herodes en su intento de eliminar al -dicen ellos- recién nacido Mesías.
Nos escribe Mónica Romera: “cuando éramos chicos jugábamos a hacernos bromas el día 28, contando un suceso increíble como noticia real y si el otro estaba desprevenido y no advertía el chasco, le decíamos: Caíste: ¡que la inocencia te valga!” Eso, acota Mónica, “hoy debe halagarnos. No quiero formar parte de la lista de “vivillos, corruptos, inmorales, inhumanos, etc.”
Comparto que es mejor la ingenuidad que la “viveza” que va en detrimento de valores y, aún peor, de la otra persona.
Pero “que la inocencia te valga” significa un reconocimiento a la presencia en el otro de ese valor -la inocencia- y “que te valga” expresa el deseo de que le sirva, de que le sea útil. Una expresión bienintencionada que equivale a decir: ojalá puedas moverte en el mundo con idealismo, con candor, con simpleza.
Así que entonces, de acuerdo Mónica: ¡que la inocencia nos valga!
Desde el año 345, el 25 de diciembre es el día de Navidad, conmemoración del Nacimiento de Jesucristo en Belén, según los evangelios de San Mateo y San Lucas. Es una convención aceptada y respetada como tal, porque los evangelios no mencionan fechas y, por tanto, en ningún lugar se registra que Jesús naciera ese día. Es más, no hay pruebas históricas de la existencia de Jesús. Sin embargo, el 24 como Nochebuena y el 25 Navidad, se han impuesto en el mundo como fechas donde se exaltan valores y, hoy en día, es tanto una fiesta religiosa como una celebración laica.
Para muchos esta es una época donde predomina la costumbre pagana del festín y del consumo y se le da importancia a la comida, a la bebida y a los regalos.
Sin ánimo de contrariar, desde este blog proponemos un significado diferente a esta celebración: la de intentar una reconciliación con nosotros mismos y con quienes nos han ofendido. Al mismo tiempo, rescatamos al menos tres de los valores humanos originarios del cristianismo como el amor al prójimo (entendido como “otro” más que como el cercano), la solidaridad y la paz.
En estos días hay un ambiente social que favorece las relaciones y, a su amparo, crece la necesidad interior de reconciliarnos con nosotros mismos y con quienes compartimos tiempo y acciones. Entonces ¿por qué no intentarlo? Si esta disposición va montada en un propósito de cambio, de renovación, de transformación de la propia vida será más fácil operar. Cito: “reconciliar no es olvidar ni perdonar, es reconocer todo lo ocurrido y es proponerse no pasar por el mismo camino dos veces, sino disponerse a reparar doblemente los daños producidos. Pero está claro que a quienes nos han ofendido no podremos pedirles que reparen doblemente los daños que nos ocasionaron. Sin embrago es una buena tarea ver la cadena de perjuicios que van arrastrando en sus vidas. Al hacer esto nos reconciliamos con quienes hayamos sentido antes como un enemigo, aunque esto no logre que el otro se reconcilie con nosotros, pero eso ya es parte del destino de sus acciones sobre las que nosotros no podemos decidir” (Silo, en la cordillera de Los Andes, mayo de 2007).
Una manera de encarar este cambio en el punto de vista, que nos permita reconciliarnos y liberarnos del sufrimiento, es la revisión de las situaciones que consideramos más importantes en nuestra vida buscando descargarlas de negatividad. Algo hay de positivo en esas experiencias y el sentimiento contradictorio que se aloja pesadamente en nuestro interior, nos perjudica sólo a nosotros. Tampoco han sido tan graves nuestros fracasos. Hicimos lo que pudimos en ese momento y debemos ponernos en condiciones de hacerlo mejor la próxima vez.
Cito nuevamente a Silo: “En esas relaciones dolorosas que hemos padecido no estamos tratando de perdonar ni ser perdonados. Perdonar exige que uno de los términos se ponga en una altura moral superior y que el otro término se humille ante quien perdona. Y es claro que el perdón es un paso más avanzado que el de la venganza, pero no lo es tanto como el de la reconciliación. Tampoco estamos tratando de olvidar los agravios que hayan ocurrido. No es el caso de intentar la falsificación de la memoria. Es el caso de tratar de comprender lo que ocurrió para entrar en el paso superior de reconciliar” (Silo en las Jornadas de Inspiración espiritual, en mayo 07). Es una sugerencia para estos días.
La reconciliación nos da un plus energético y, como lo personal está íntimamente ligado a lo social, fortalece el sentido de las acciones en un proceso del cual hay indicadores. Estaremos mejor cuando hagamos cotidianamente algo que nos exalte como personas y que sirva al cambio en beneficio de quienes están excluidos de las cosas esenciales de la vida.
Un abrazo fraternal.
Amigos, por la urgencia en hacer conocer esta noticia les transcribo una síntesis de lo que publicó ayer el diario El País de España.
“Danielle Miterrand advierte que Evo Morales puede correr “la misma suerte” que el chileno Salvador Allende.
“La ex primera dama francesa afirma que la “democracia boliviana corre un peligro mortal” y pide que no se permita que el presidente del país, Evo Morales, sufra “la misma suerte” que el ex mandatario de Chile Salvador Allende, según un comunicado que se dio a conocer ayer y que transcribe con comentarios el diario El País de España.
“La presidenta de la Fundación France Libertés, defensora de causas sociales, remarcó que es necesaria una nueva Constitución en Bolivia, porque la actual data de 1967, una época en la que las poblaciones indígenas “vivían totalmente excluidas”.
“También aseguró que en las regiones ricas del país, en alusión a Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, renacen “amenazas separatistas”, pero además éstas, a su juicio, “rechazan el juego democrático y no quieren pagar por las regiones pobres”.
Señaló que grupos “de activistas neofascistas y bandas de paramilitares subvencionadas por la gran burguesía y ciertos intereses extranjeros instalan un clima de miedo en las comunidades indígenas”.
“También indicó que la desinformación puede “matar” la democracia y rechaza que Evo Morales sea calificado como un “dictador” o esté a la cabeza de “un sindicato de traficantes de cocaína”.
“¿Vamos a esperar que Evo Morales corra la misma suerte que Salvador Allende para llorar sobre la tumba de la democracia boliviana?”, cuestiona Miterrand, al remarcar que la “democracia vale para todos o no vale para nadie”.
El artículo completo se puede leer en http://www.elpais.com/articulo/internacional/Alerta/peligro/mortal/
Miembros del Movimiento Humanista de Argentina participaron junto otras organizaciones de una movilización frente a la Embajada de Bolivia y entregaron al Embajador un documento de apoyo al gobierno. Esta acción es una más de las que realiza el humanismo en todo el mundo para apoyar el proceso democrático en ese país hermano y la gestión de su presidente. El objetivo humanista es difundir la verdad sobre la situación de Bolivia.
La nueva Constitución de Bolivia es un ejemplo para el mundo. Lo dijo la Alta Comisión para los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, en una carta. Allí escribe Jean Ziegler: “En esta Constitución el derecho a la alimentación y el derecho al agua están explícitamente garantizados. Esta norma constitucional es ejemplar para todos los pueblos del mundo”.
¿Usted tiene agua? ¿Tiene alimentos? ¿Todos los días? Si viviera en Bolivia los tendría por ley, pero recién a partir de que se apruebe la nueva Constitución, que dedica el capítulo Segundo a los Derechos Fundamentalísimos, los que son “inviolables, interdependientes, indivisibles y progresivos”. También deja claro que está entre los deberes del Estado “promoverlos, protegerlos y respetarlos”.
El nuevo texto constitucional deberá ser aprobado o rechazado por el pueblo mediante un referéndum constitucional. Estamos seguros de que los hermanos bolivianos tendrán la presencia de ánimo suficiente para vencer amenazas y aprobar el texto.




