Anoche, día 5 de enero de 2008, Nélida y yo terminamos de regresar de un corto viaje. Fuimos a despedir un año y a recibir otro en Punta de Vacas, en la cordillera de Los Andes, con amigos humanistas de Chile y Argentina. “Terminamos de regresar” es un modo de decir con propiedad que los traslados no hacen al viaje sino que éste concluye cuando se ordenan las vivencias y se comienza otra cosa. Fue por la noche, justo a tiempo para colocar los zapatos y esperar a los Reyes Magos.
En mi caso, de los 65 años que llevo vividos creo que recuerdo 63 noches de mal dormir anhelando sorprender a los “Reyes” en el momento de dejar sus regalos. He pasado las noches del 5 al 6 de enero en muchos lugares del planeta y siempre fue igual: expectación y frustración por no ver a los viajeros y no encontrar respuesta a los interrogantes: ¿vienen los tres juntos o se reparten los lugares? ¿Te toca siempre el mismo o se turnan? Hace tiempo que no me preocupa donde quedan los camellos cuando sus jinetes suben a los departamentos porque es seguro que los dejan en el estacionamiento más cercano. También encontré otras contestaciones para las inquietudes que me acosaban en esas noches, pero no las comento porque sólo tienen valor personal.
Muchas veces, en diversos lugares y a medida que pasaban los años, ví caras incrédulas y tuve que dar explicaciones a personas descreídas cuando dejaba los zapatos en los pasillos de los hoteles. Curiosamente en esas ocasiones recibí objetos pero, sobre todo, el obsequio de una complicidad contagiosa. Y mucho afecto.
La tradición explica que los Reyes Magos, que profesaban la religión que se formó en torno a las enseñanzas de Zoroastro, creían en la llegada de un Mesías, al igual que los judíos y, más tarde en el tiempo, los musulmanes. Por eso –cuenta la leyenda- fueron a visitar al recién nacido Jesucristo y le llevaron oro, mirra e incienso. No eran “reyes” (no había tantos en Persia, de donde venían) pero, al parecer, vestían como tales y “mago” era un sinónimo de “sabio” en lengua persa. Su función es la de celebrar la esperanza que significan para el mundo los niños y dotarlos de algunos elementos. Todo un simbolismo.
En mi vida siempre vinieron los reyes magos y tuve regalos. Esta mañana al despertar comprobé que, nuevamente, estuvieron aunque no los viera. Vinieron porque durante el año hice, con fortuna diversa, lo que hay que hacer: creer y hacer conocer la fe en esa creencia. Estoy seguro que ahí es cuando ocurre el hechizo y se desata la más pura emoción de la infancia: hay seres buenos que te tienen en cuenta y te traen sus tesoros. Con ellos y sobre todo con la ilusión fortalecida por la magia puedes entrar por la puerta del año nuevo y recorrerlo repartiendo lo mejor de ti mismo. En el dar está la alegría.
“Recuerda los mejores momentos de tu vida y verás que siempre estuvieron relacionados con un dar desprendido,” leemos en “El Paisaje Interno”, de Silo. Y más adelante…”¿quieres sobrepasar tu contradicción profunda? Entonces produce acciones válidas. Si ellas son tales será porque estás dando ayuda a quienes te rodean”.
Hoy 6 de enero es el cumpleaños de Mario Luis Rodríguez Cobos, más conocido como Silo. Es un pensador y un hombre de acción; es el ideólogo del Nuevo Humanismo; el fundador de una corriente de pensamiento que se expresa internacionalmente a través de organismos políticos, sociales y culturales; es el líder actual de la no-violencia. Es un Guía Espiritual y su Mensaje, que comenzó a escucharse en la cordillera de Los Andes en 1969, se está difundiendo por el mundo. Gracias Maestro Silo por tu regalo. La magia está vigente.
- 06
- Ene, 08
Magos y Magia
- en A Novedades
2 Comentarios
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Luis, me gustó mucho esto sobre los reyes magos. La mayoría de las personas
hemos esperado su llegada y de niños coincidimos en esas cuestiones respecto al procedimiento utilizado para semejante tarea. Está muy buena la sintesís en que lo mejor de esto tiene que ver con el dar desinteresado. Emociona encontrar un encuadre mas profundo y emotivo a algo que mecanicamente realizamos. Entrar al año nuevo repartiendo lo mejor de ti mismo, con la ilusión fortalecida por la magia suena maravilloso y parece tan fácil.
Un beso y abrazo para vos y Nélida.
•Ortega y Gasset escribe: “El amor, a quien pintan ciego, es vidente y perspicaz porque el amante ve cosas que el indiferente no ve y por eso ama.”. En esta frase puedo resumir lo que siento al leer este comentario: Luisito, sos una buena persona que me tiene en cuenta y que me trae sus tesoros: “la ilusión fortalecida por la magia”. Te quiero mucho.