Archivo de febrero de 2008
En la República de Bolivia hay una nueva Constitución que prevé la autonomía de los departamentos -similares a estados provinciales- en base a proyectos elaborados desde esos gobiernos. Los departamentos más dotados en recursos naturales y donde vive la gente más adinerada, están intentando imponer una legislación que vaya más allá de la autonomía y les abra las puertas para escindirse del estado boliviano. Santa Cruz, el departamento más hostil al gobierno nacional de Evo Morales, se lleva las palmas en cuanto a autoritarismo. El comité cívico, corporación de derecha que habla por los empresarios y la Unión Juvenil Cruceña, brazo militar y fuerza de choque del Comité Cívico, son las instituciones que recurren a cualquier medio para conseguir sus fines. El plebiscito es el 4 de mayo.
Autoritarismo
Es una verdad de Perogrullo que el lenguaje es la mejor expresión de la ideología, aunque los gestos y los hechos también son conducentes. En estos días, en Santa Cruz, Bolivia, Luis Nuñez afirmó que deben irse del departamento quienes no están de acuerdo con el estatuto autonómico. De lo contrario “tendrán que atenerse a las consecuencias”, amenazó. Si consideramos que Lucio Vedia, secretario de la Central Obrera Boliviana, organizador de una concentración contra el estatuto sufrió de inmediato un atentado con dinamita en su domicilio, parece que Nuñez no habla por hablar.
“Es importante que la gente de Santa Cruz sepa cuál es la opinión de los “cívicos” en relación a los que no apoyan el estatuto”, explicó Nuñez, aludiendo al caso de Vedia. Más claro, imposible. Los opositores a un estatuto que aún no ha sido aprobado en el plebiscito -se realizará el 4 de mayo- deben abandonar el lugar. En Bolivia y en cualquier parte del mundo, esto es autoritarismo de pura cepa.
El viceministro de Descentralización, Fabián Yasik se manifestó preocupado por estas declaraciones y por los actos vandálicos realizados por miembros de la Unión Juvenil Cruceñista, brazo armado del Comité Cívico que sistemáticamente agreden e intentan intimidar a la población.
El fascismo es coherente: practica el racismo, ejerce la violencia, busca el separatismo, no acepta lo diferente y hasta rechaza el disenso. El lenguaje que usa Luis Nuñez es el adecuado a su ideología, los gestos y los hechos de sus cofrades del Comité Cívico y los desmanes de jóvenes violentos (U.J.C.) al servicio de un sector de la clase media también lo son. La derecha es una ideología muy bien estructurada. Con el sostén del dinero y apelando sin prejuicios a la violencia ha hecho historia en muchos países. En Bolivia hay un gobierno y un pueblo empeñados en cambiar la sociedad dentro de la ley. El autoritarismo no triunfará.
Si consideramos el proceso histórico –no la fotografía de la situación actual- hay que aceptar que el sistema neoliberal se ha convertido en un sistema global. Esto es así y lo seguirá siendo por, al menos, dos décadas más. Pero la rapidez con que se instaló este sistema es similar al tiempo que ha tardado en defraudar y ya nadie cree en esta nueva formulación del capitalismo en su cara más despiadada. La aparición del modelo de reemplazo se está gestando en múltiples formas, ninguna todavía con suficiente fuerza. En esos modelos de reemplazo hay versiones corregidas de la misma esencia capitalista, hay modelos alternativos que giran en torno al socialismo tradicional y, aparte, está el Nuevo Humanismo. En todos los casos se trata de respuestas que intentan dar una solución completa a la problemática humana.
En el mundo actual, bajo un neoliberalismo quebrantado pero en el poder, hay áreas sociales que han quedado abandonadas a la gestión caritativa de las iglesias y de las Organizaciones No Gubernamentales. Una situación que no es azarosa por un lado y voluntarista por otro, sino que es parte de la planificación neoliberal: de los pobres que produce el sistema se encargan esas instituciones.
Hasta donde le fue posible sin crear un caos social que pudiera volverse peligrosamente en contra, el Estado se ha desembarazado de la gestión en varias cuestiones y ha liquidado los bienes colectivos, que sólo debía administrar, en beneficio de empresas multinacionales (recursos naturales, servicios públicos, gran parte de la educación y la salud, la banca, por ejemplo) buscando cerrar los caminos de retorno.
Coherentemente, las empresas neo, orientadas al lucro, no están dispuestas a sacrificar recursos para la solución de asuntos que les son ajenos. Más bien, han tratado de disminuir costos laborales llevando a los trabajadores a una situación de cuasi esclavitud.
La consecuencia social más grave se ve en términos de pobreza, de salud y de educación. Una parte importante de la pirámide social que antes pertenecía a los estratos medios está hoy sumergida en la miseria, una cantidad importante de jóvenes en edad de incorporarse al mercado laboral no pueden hacerlo porque carecen de instrucción suficiente y son un reservorio de potenciales delincuentes, a la par que ciertas enfermedades como la drogadependencia aumenta la peligrosidad social de los sectores marginados.
Desde luego que este cuadro de situación no va a ser eterno. No tenemos una visión pesimista de la historia sino que el estudio del pasado alienta a pensar que se encontrarán salidas y se volverá a avanzar luego de este retroceso en el proceso de la humanidad en su conjunto. Pero, mientras tanto, ¿qué hacemos las personas sensibles y de buena voluntad? Ese es el tema de hoy.
El humanismo es una respuesta filosófica que responde a los temas centrales que han preocupado al ser humano en su devenir. Es el paradigma emergente en este siglo, la réplica compensadora a los desequilibrios actuales en la sociedad y, también, una respuesta que canaliza y ayuda a realizar la espiritualidad del ser humano.
El humanismo no se presenta como un “humanitarismo” que resuelve necesidades concretas y puntuales, convirtiéndose en cómplice del sistema que provoca esas necesidades, sino que esclarece, organiza y lucha para que cambien las condiciones que generaron el escenario de injusticia concreta y puntual (ver Diccionario del Nuevo Humanismo).
Los frentes de acción que genera el humanismo tratan de revertir una situación determinada mediante un modo de organización con objetivos visibles que eduque a los partícipes en la “no violencia activa” y proporcione una experiencia aplicable a otras situaciones similares. En ese sentido, el frente de acción es una escuela de cuadros donde la acción en sí misma es valorada –más que por los resultados inmediatos- por su poder transformador sobre quien la ejerce.
Los frentes de acción promueven posibilidades de desarrollo social y personal para superar las condiciones de opresión que viven las personas. Este planteo está basado en la reciprocidad, un concepto que va más allá de la solidaridad, aunque sean similares.
Apoyo, ayuda, respaldo, protección, favor, aval, defensa son sinónimos de solidaridad. Es una acción que parte de alguien y va hacia un destinatario. Hay una diferencia de nivel entre quien tiene la posibilidad de ayudar y entre quien está necesitado de esa ayuda. La solidaridad, hoy en día, ha quedado en el campo de la caridad y del paternalismo. No es la situación que queremos los humanistas para otros seres humanos que son iguales en valor a nosotros mismos.
La reciprocidad implica una ida y vuelta de las acciones. En este caso, hay correspondencia, correlación, conexión, intercambio, paridad. Hay ayuda mutua. Nosotros apoyamos la reivindicación puntual con la que comienza a accionar un “frente” y los beneficiados se suman y ayudan a ampliar nuestra influencia. Lo que ellos recibieron ahora tienen que hacerlo por otros.
La reciprocidad está en el centro de la organización social y la idea central es que “hago por otros lo que hicieron por mí”. Es un concepto activo y no pasivo como la clásica solidaridad. Es un “concepto duro” le escuchamos decir a Silo. Es de ida y vuelta, nosotros ponemos en marcha acciones en beneficio de otras personas y solicitamos de esos individuos que nos ayuden a multiplicar la acción porque sólo así podremos llegar a la raíz de los problemas y cambiar la sociedad.
Se trata de conceptos claros y están dirigidos a gente razonable que quiera hacer por otros cosas similares a las que se hicieron por él. Nos movilizamos para el cambio social y eso requiere de la reciprocidad antes que de la solidaridad. Este principio no se contradice con aquel que propone: “trata a los demás como quieres que te traten”.
Un grupo de personas de muchos países hemos comenzado la tarea colectiva de concretar una enciclopedia del Nuevo Humanismo, la corriente de pensamiento fundada por Silo a partir de 1969. Estoy en la lista de los emprendedores que llevan adelante esta obra pero, contra mi voluntad, de un modo casi pasivo por ahora. Esa actitud, que tal vez reste o tal vez no, tiene la utilidad de proporcionarme una visión particular: estar adentro pero con la distancia suficiente como para hablar de ese trabajo con objetividad.
Para calificarlo, “admiración” es la palabra que parece más adecuada ya que es una actividad esencialmente voluntaria y desinteresada de un grupo de personas comunes. Es cierto que muchos se sienten bien pagos con la lectura de los textos que van recopilando, con aportar ilustraciones que les permiten mostrar su creatividad, con establecer relaciones entre textos que les aclaran aspectos de la propia vida, pero toda esta labor no es remunerada con dinero. Es la construcción de una obra para beneficio de todos los que se interesen en ella y hay lugar para todos.
Iremos informando sobre el desarrollo de la obra, pero hablemos hoy de los “amanuenses telemáticos”, figura que reemplaza las palabras “calígrafos”, “escribas”, “copistas”, “escribientes” y otras que se usaban cuando sólo se escribía en papel. Copio parte de un escrito del coordinador y autor de la iniciativa, Olivier Turquet: “si tienen paciencia pueden ir a ver, de vez en cuando, los cambios recientes de nuestro sitio y verán que algunas personas se dedican a pequeños ajustes en nuestra naciente enciclopedia. Son aún pocos los voluntarios telemáticos que ponen lazos, agregan categorías, corrigen faltas de ortografía, etcétera, etcétera. Un trabajo silencioso y útil. Son como los monjes antiguos que copiaban Aristóteles sin casi entender de qué se trataba” acota Olivier. Por mi parte, pienso que sin aquel aporte es difícil imaginar cómo Tomás de Aquino se las hubiera arreglado para escribir el fundamento filosófico del cristianismo.
“Estos monjes modernos -continúa Oliver- toman un tiempito un día, minutos otro día, unos momentos aunque sea en el descanso de la actividad profesional, para ir fabricando esta obra inmensa”…. Por supuesto, agrega buscando motivar: “los amanuenses se sienten solos en su compromiso humilde y anónimo y les gustaría tener compañía”. Es que esta labor (corregir, poner enlaces, ilustrar) se puede hacer individualmente y lo pueden hacer personas que viven en diversos lugares. Pero la telemática también permite trabajar con grupos y Olivier ya piensa en la capacitación de voluntarios que puedan sumarse a la construcción de esta pirámide de conocimiento. Por eso, propone encuentros informales en un Chat de Yahoo Messenger con quienes quieren ver y aprender en la práctica y después, con esa capacitación mínima necesaria, hacerlo solitos cuando tengan un rato de tiempo. Los interesados -convoca Olivier- me contestan el la lista o en privado y nos ponemos de acuerdo en cuanto a hora y día”. Firma, “con un gran abrazo, Olivier, amanuense telemático (con teclado medio roto y MODEM a 56k)”. Como los monjes del medioevo. Pero humanistas.
olivierturquet@tiscali.it
La idea era esperar un poco más para retomar el blog pero un hecho tan importante como el que produjo Fidel Castro (ver Cuba sin Fidel) fue más fuerte que las recomendaciones médicas. El día 19 había superado la tentación de opinar sobre la secesión de Kosovo de Serbia -un producto de la ingeniería política imperial- pensando que habría otra oportunidad y, sobre todo, que no estaba aún en plenas condiciones físicas. Pero hoy he salido de la normativa y creo que seguiré. Ocurre que aún estoy convaleciente de una quebradura en la muñeca derecha y, si bien puedo dictar los mensajes de correo en la red, el blog es diferente. Pasada la campaña electoral, donde lo que escribimos estaba muy ligado a ese tema, ahora este espacio es el modo de comunicación personal que he elegido y no me parece adecuada la intermediación. Esto es entre ustedes y yo.
Ayer, 19 de febrero de 2008, Fidel Castro Ruz anunció su renuncia a la conducción del estado de Cuba, la República Socialista cuyas bases iniciara en enero de 1959 al cabo de la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista. Luego y hasta hoy, la batalla sería contra la ingerencia de los Estados Unidos de Norteamérica. El líder de la revolución cubana ha sido terminante: “A mis entrañables compatriotas (…) les comunico que no aspiraré ni aceptaré (…) el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe”. Así escribió en el Granma, periódico donde se desempeña como editorialista desde la recuperación de su enfermedad. Había dejado el cargo en julio de 2006 por problemas de salud y ahora afirma que “traicionaría mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer”. El anuncio de Fidel agrega que ahora, a los 81 años, será “un soldado de las ideas”.
El dictador. La permanencia en el cargo principal -de 1959 a 1976 fue primer ministro y en 1976 después de la aprobación de la Constitución Socialista, Castro asumió la presidencia hasta 2006- le valió la calificación de “dictador” por los gobiernos y los medios de comunicación alineados con los Estados Unidos. Lo denominaron así pero su perfil no coincide con los atributos de los dictadores: no hizo fortuna, no incurrió en nepotismo, no se corrompió por dinero ni permitió que nadie lo hiciera en su gobierno, no hizo nada para sí mismo como individuo y se brindó por entero a un pueblo que se benefició con su gobierno y que le tributa continuamente una fidelidad excepcional. Es cierto que la presencia siempre amenazante de los Estados Unidos le llevó a imponer restricciones a la libertad de prensa y a la salida de algunas personas de la isla. Estos son hechos. Pero también son realidades de una guerra permanente, aunque no declarada, que los EE.UU atentaron innumerables veces -se dice que 600- contra su vida; organizaron una invasión de mercenarios en 1961 (derrotados por el pueblo con Fidel a la cabeza en Bahía de Cochinos); atacaron con productos químicos los cultivos de caña de azúcar; infiltraron agentes; compraron opositores y muchas otras acciones hostiles. Aún hoy, el bloqueo que impusieron dificulta el desarrollo de la economía y perjudica al pueblo cubano. Pero Fidel Castro poco tuvo o tiene en común con un dictador militar o un hombre que se perpetúa en el poder por ambición personal. En su país, la enorme mayoría de la gente lo venera y acuerda con su política. Damos testimonio personal después de haber visitado la isla y habernos movido con toda libertad por su territorio. Ojalá reflexionen los colegas periodistas que se sienten importantes por atacar a Fidel con argumentos de segunda mano.
El ejemplo cubano. El proceso cubano es único y se dio en condiciones especiales por lo que resulta difícil de imitar. Pocos hombres mal armados (menos de dos mil) vencieron a un ejército poderoso sostenido por EEUU a finales de 1958, lo que revela la capacidad militar de Fidel pero también la fuerza de la intencionalidad de esos actores y la sintonía con las necesidades de un pueblo hastiado de los abusos. Los norteamericanos ricos y la burguesía local utilizaban la isla como un garito y la convirtieron en emblema de la prostitución y de todas las lacras capitalistas. Fidel demostró -es parte de su vigencia histórica- que es posible llevar adelante una empresa que parece imposible según los análisis tradicionales y producir un “efecto demostración”.
La Transición. Por cierto, este proceso de retiro no comenzó con la enfermedad de Castro, como se enseña en Washington sino que, ya desde 1995, había delegado parte de sus funciones y estaba preparando una transición prolija. Ha escrito Fidel Castro en el texto de renuncia párrafos que muestran su confianza: “Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia, junto a otros que eran muy jóvenes cuando se inició la primera etapa de la revolución. Cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo. Dispone igualmente nuestro proceso de la generación intermedia que aprendió junto a nosotros los elementos del complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una revolución”.
Es cierto que hay una nueva generación en Cuba con conciencia de la importancia de la sociedad que han conformado recuperando la dignidad individual y social y con altos niveles en materia de educación, salud y tecnología. Aunque no es válido comparar, y sólo para apreciar mejor el nivel alcanzado por la Cuba socialista, consideremos que sus condiciones naturales son similares a las de Haití y sus condiciones sociales están en las antípodas, sin que esto signifique desmedro para los haitianos. Es la diferencia que marca la orientación y los intangibles. No sabemos como serán las relaciones de las nuevas generaciones de cubanos con el mundo capitalista pero los humanistas esperamos que no haya ingerencias extranjeras en la política interior de Cuba. Estamos comprometidos con la autodeterminación de los pueblos en Latinoamérica y en el mundo y sabemos que Cuba encontrará su camino. “A la cubana”.




