Un grupo de personas de muchos países hemos comenzado la tarea colectiva de concretar una enciclopedia del Nuevo Humanismo, la corriente de pensamiento fundada por Silo a partir de 1969. Estoy en la lista de los emprendedores que llevan adelante esta obra pero, contra mi voluntad, de un modo casi pasivo por ahora. Esa actitud, que tal vez reste o tal vez no, tiene la utilidad de proporcionarme una visión particular: estar adentro pero con la distancia suficiente como para hablar de ese trabajo con objetividad.
Para calificarlo, “admiración” es la palabra que parece más adecuada ya que es una actividad esencialmente voluntaria y desinteresada de un grupo de personas comunes. Es cierto que muchos se sienten bien pagos con la lectura de los textos que van recopilando, con aportar ilustraciones que les permiten mostrar su creatividad, con establecer relaciones entre textos que les aclaran aspectos de la propia vida, pero toda esta labor no es remunerada con dinero. Es la construcción de una obra para beneficio de todos los que se interesen en ella y hay lugar para todos.
Iremos informando sobre el desarrollo de la obra, pero hablemos hoy de los “amanuenses telemáticos”, figura que reemplaza las palabras “calígrafos”, “escribas”, “copistas”, “escribientes” y otras que se usaban cuando sólo se escribía en papel. Copio parte de un escrito del coordinador y autor de la iniciativa, Olivier Turquet: “si tienen paciencia pueden ir a ver, de vez en cuando, los cambios recientes de nuestro sitio y verán que algunas personas se dedican a pequeños ajustes en nuestra naciente enciclopedia. Son aún pocos los voluntarios telemáticos que ponen lazos, agregan categorías, corrigen faltas de ortografía, etcétera, etcétera. Un trabajo silencioso y útil. Son como los monjes antiguos que copiaban Aristóteles sin casi entender de qué se trataba” acota Olivier. Por mi parte, pienso que sin aquel aporte es difícil imaginar cómo Tomás de Aquino se las hubiera arreglado para escribir el fundamento filosófico del cristianismo.
“Estos monjes modernos -continúa Oliver- toman un tiempito un día, minutos otro día, unos momentos aunque sea en el descanso de la actividad profesional, para ir fabricando esta obra inmensa”…. Por supuesto, agrega buscando motivar: “los amanuenses se sienten solos en su compromiso humilde y anónimo y les gustaría tener compañía”. Es que esta labor (corregir, poner enlaces, ilustrar) se puede hacer individualmente y lo pueden hacer personas que viven en diversos lugares. Pero la telemática también permite trabajar con grupos y Olivier ya piensa en la capacitación de voluntarios que puedan sumarse a la construcción de esta pirámide de conocimiento. Por eso, propone encuentros informales en un Chat de Yahoo Messenger con quienes quieren ver y aprender en la práctica y después, con esa capacitación mínima necesaria, hacerlo solitos cuando tengan un rato de tiempo. Los interesados -convoca Olivier- me contestan el la lista o en privado y nos ponemos de acuerdo en cuanto a hora y día”. Firma, “con un gran abrazo, Olivier, amanuense telemático (con teclado medio roto y MODEM a 56k)”. Como los monjes del medioevo. Pero humanistas.
olivierturquet@tiscali.it
