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  • Abr, 08

Genocidio Armenio

La memoria es la función del psiquismo que retiene las percepciones y almacena la información que estas proporcionan. Para Agustín la memoria y el “alma” -entendida como ser- eran lo mismo pues “el alma recuerda en la medida que es”. Más allá de la poesía, se puede considerar al ser humano como “el ser que tiene memoria”, “que conserva su pasado y lo actualiza… que tiene historia y tradición”. En esa fuente abreva la conciencia para cotejar y decidir lo que está bien y lo que está mal. Por eso, hay que retener aún aquello que nos duele. Para reconocer cuando amenaza con volver, para que no vuelva a pasar.
Hoy 24 de abril se recuerda a los armenios masacrados en Turquía. Es una fecha simbólica porque en esa “noche del 23 de Abril y durante toda la madrugada del día 24, cientos de intelectuales, religiosos, profesionales y ciudadanos fueron despojados de sus hogares bajo arresto e inmediatamente deportados hacia el interior del Imperio para ser posteriormente asesinados”. Lo informa la página www.genocidioarmenio.org. Fue el primer genocidio del siglo XX pero no el primero en la historia de la humanidad, que registra muchos y dolorosos casos.
Un genocidio -leemos en la declaración de la Asamblea de la ONU el 11 de diciembre de 1946- es la “negación del derecho a la existencia de grupos humanos enteros”. Antes, en 1944, R. Lemkin, según el diccionario Bobbio-Matteucci lo había definido como “la destrucción masiva de un grupo étnico, así como todo proyecto sistemático destinado a eliminar cualquier aspecto fundamental de la cultura de un pueblo”.
Para que esa matanza de seres humanos, para decirlo con crudeza, configure esta categoría se requiere una organización que planifica y que cuenta, necesariamente, con un grupo armado destinado a ejecutarla. La intención de ponerle fin a un conjunto humano y cultural es el componente principal de este tipo de agresión.
Los actos barbáricos del Imperio Otomano y el Estado de Turquía contra el pueblo Armenio entre 1915 y 1918 durante la primera Guerra Mundial y luego entre 1920 y 1923, tienen todas esas características. Son los actos conocidos como Genocidio Armenio. En esos años hubo abusos, deportaciones, secuestros, tortura, y muerte por las armas y por inanición, para no caer en truculencias mencionando otras barbaridades. Fue una masacre metódica y continua, que incluyó a mujeres y niños y terminó con la vida de un millón y medio de personas.
Las primeras voces de la comunidad internacional denunciando y condenando estos hechos se alzaron en 1915, pero el aturdimiento que provocó la primera gran guerra, hizo que la masacre pasara al olvido. Diplomáticos, misioneros y militares rusos, alemanes, árabes, estadounidenses, y hasta algunos oficiales turcos dieron su testimonio público de estos horrendos sucesos que produjo el entonces partido del gobierno, el Comité de Unión y Progreso, los llamados Jóvenes Turcos. “En Mayo de 1915, el Reino Unido, Francia y Rusia advirtieron a los líderes de los Jóvenes Turcos que serian responsables de un crimen contra la humanidad. Al final de la guerra, los aliados victoriosos demandaron al Gobierno Otomano que citara ante la justicia a los Jóvenes Turcos acusados por crímenes de guerra”.
Recordar lo que pasó, actualizar la memoria tiene una importancia decisiva cuando, por intereses políticos y económicos, muchos países niegan la verdad histórica. La memoria es el camino hacia la justicia.

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