Creemos que no tuvo elección. En aquella circunstancia histórica a las opciones las pusieron los poderosos y la reacción fue del mismo género que la acción. Hoy sabemos que hay otras maneras, pero él no las vio.
Dice la leyenda que varias veces murió, antes de morir. Pedro Antonio Marín fue su nombre civil, “Manuel Marulanda Vélez” su nombre de guerra. “Tiro Fijo”, su alias. Se dice que hoy acabó de morir y, aunque a estas horas del lunes 26 de mayo de 2008 no hay una certeza absoluta, es verosímil que se haya ido. Tal vez canturreando un tango que le escuchó a Gardel en Medellín.
Era el guerrillero más viejo del mundo y a los 78 años cualquier traición del cuerpo es posible. El corazón pudo haberse distraído, absorto en mirar lo que miraban sus ojos cuando trataba de ver, a lo lejos, el difuminado paisaje de la revolución. Un sueño que él soñó y cuyo diseño fue corrigiendo con sus compañeros y la vida durante 60 años en la selva colombiana. Nació un día, él no sabía cual y nadie lo sabe, de mayo de 1930. Lo amamantó el dolor de los campesinos arrasados por los políticos conservadores y se formó en los oficios de la pobreza, hasta que recibió su diploma de dignidad. Fue el día 9 de abril de 1948 cuando se levantó en armas para no morir. Pero sobre todo, para que viva su pueblo. Dicen que dijo: “Hay que buscar una solución. ¿A quien recurrimos? ¿Dónde están las armas? ¿Cómo se consiguen? El cuerpo no resiste más tantas humillaciones, si seguimos así, si nos quedamos así, nos van a matar”.
La palabra sobrevivir era una de sus preferidas. Alzarse en armas fue una decisión concebida “como la única manera de sobrevivir”. Así lo dijo en uno de los reportajes que concedió en las selvas sureñas en épocas de diálogo.Su lucha fue apoyada por unos y condenada por otros tanto desde la visión de la justicia de su causa, como de la metodología empleada, porque Marulanda enfrentó la violencia del sistema con violencia. Fue un campesino en armas porque los terratenientes los mataban con armas. Siempre con un fusil en el brazo, conoció la ideología que le daría otro vuelo a su lucha. Y luchó. Y nombró a su gente con un nombre sonoro y directo: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Las FARC. Más tarde hubo de combatir también contra el ejército de las sombras. Los caminos de la guerrilla se enredaron con las huellas de la droga y junto con su propia declinación empezó a debilitarse su causa. No sabemos si llegó a comprender que la vida vencería a sus maneras de luchar pero empezó a buscar la paz cuando su tiempo llegaba a los setenta.
A los 78 lo alcanzó la muerte, que también se llama a sí misma “Tiro Fijo” y el protagonista de una épica legendaria se fue con ella, seguido por un cortejo de leyendas.
