“Salieron del ropero”  y eran muchos más de lo pensado. Desde los años 80 comenzó a ser visible la existencia de una situación social sospechada, temida y rechazada que -para mayor ofuscación de sus detractores-  fue diversificándose en manifestaciones de variada índole. La diversidad sexual salía a la calle, primero a las oscuras, luego a las iluminadas, finalmente a la clara luz del día.   Antes estaban “entre nosotros”, ahora forman parte de una sociedad plural, pero falta tiempo para la aceptación plena. Es cierto que muchos hacen un esfuerzo de civilidad para admitirlos socialmente pero sólo  algunos están desentendidos del tema y aprueban abiertamente la convivencia en un plano de igualdad.

La historia de las minorías discriminadas es similar, sea cual fuere el motivo de la exclusión: no se les regala nada, deben dar la lucha, tienen que hacer el gasto en la empresa que culminará -en un futuro incierto- con la “normalidad”, con la ansiada indiferencia de las mayorías. Por eso, tienen sentido y son eficaces en ese proceso los actos y celebraciones que testifican la autoafirmación.  Sin estridencias. O con ellas.

“EL 28 de Junio se celebra la jornada por el Orgullo y la Dignidad Lésbico, Gay, Travestí, Transgénero y Bisexual (LGTTB) conmemorando la revuelta contra la policía  ocurrida en 1969 en el bar Stonewall de Nueva York.” La información llega desde Córdoba, Argentina, (¡gracias César!) pero la celebración es mundial.

Los Concejos Deliberantes de varias ciudades de Argentina avalan la realización de las marchas. “Las declaraciones de interés –explica una funcionaria de Mar del Plata- permiten  visibilizar una situación: en todo el mundo y en nuestra propia ciudad hay discriminación”.

-¿Qué celebran?
- “Celebramos y reclamamos la libertad sobre nuestros cuerpos, nuestro derecho a una vida sin violencia ni discriminación y a una sexualidad placentera. Reivindicamos nuestra lucha como una lucha social y política.”

-¿Cómo lo hacen?
- “Recuperando y valorando nuestra historia y memoria colectiva, abandonando el silencio y forjando una voz propia.”

Hay un sinnúmero de actos, radios abiertas, actividades recreativas, exibición de documentales y cortometrajes y la tradicional marcha, que se animan con frases que giran en torno a un núcleo central: “encontrarnos y celebrarnos”.

Las supervivientes de las sociedades pacatas y gazmoñas aún están entre nosotros en su versión original pre y post guerra mundial,  o en la más actualizada y estereotipada: “tengo un amigo gay”; están, asimismo, los que han logrado incorporar lo diverso a su paisaje pero son otra minoría. Sólo las nuevas generaciones tienen una sensibilidad más abierta y abarcativa.

A comienzos del siglo 21, falta bastante para la aceptación total. Cuando la condición o la preferencia sexual ya ni tan siquiera  llamen la atención -recién entonces- habremos dado un paso hacia la plena aceptación entre los unos y los otros, hacia la humanización.

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