Hablar de la felicidad es una exageración y una distorsión de la percepción, un enfoque que ignora los contextos. Pero ese no es el tema que nos ocupa; hablemos, con más propiedad,  de momentos felices.

Los momentos felices tienen algunas características que podemos referir: están vinculados con una acción que incluye a otros (de uno a varios otros); es algo que repetiríamos con unidad interna; es un hecho que nos hace crecer como individuos, que se registra como paz y que tiene un tono de alegría tranquila. También, muchas veces, tiene un dejo de cansancio muscular.

Es lo que sentimos ahora, a las 23 horas del día domingo 10 de agosto. Recién llegamos de fiscalizar en las elecciones que han realizado los residentes bolivianos en la Argentina. Hubo un voto simbólico en el referéndum revocatorio del mandato popular al Presidente y Vice de la Republica y de ocho Prefectos de Departamento.

Es simbólico porque no produce resultados cuantitativos. Nada va a cambiar con este voto; no hay una ingerencia directa en las elecciones “verdaderas” que tienen lugar en el territorio de Bolivia. Es un voto incomprensible para un neoliberal.

A pesar de lo dicho, hubo una concurrencia masiva de los residentes bolivianos en la Capital de Argentina y alrededores. La mayoría -gran mayoría- era gente joven, de entre 18 y 30 años; le seguía en importancia la presencia de  gente mayor (más de 60) y luego, en minoría,  una diversidad. La proporción entre mujeres y hombres  fue similar. Todos sabían -se lo preguntamos a muchos- que ese voto no era un “voto útil”. Pero estaban conscientes de la importancia de participar y de sentar un precedente para que el Parlamento boliviano apruebe la ley que consagre el voto de los residentes en el extranjero. Como lo hacen muchos otros países civilizados.

La seriedad, la tranquilidad, el optimismo conque la gente esperaba su turno para votar y la casi religiosa  mesura con la que se concretaba el voto, eran conmovedores. Los ciudadanos bolivianos estaban conscientes de cuánto importa una acción válida.

Los humanistas fuimos veedores. Vimos todo los sucesos que rodearon la actividad electoral -todo correcto- recorrimos mesas, nos detuvimos en un lugar hasta tomarle el pulso y finalmente, fiscalizamos el conteo de los votos en la sede de una escuela próxima a la plaza Tupac Amaru (exVirreyes) donde confluyeron las urnas de 23 lugares de votación.

Fuimos muchos. Pero no podemos independizar este comentario de las caras felices de Paula, Héctor, Marcelo, Jorge, Gonzalo, Gustavo, Agustina, que nos acompañaron en el tramo final hasta hace unos minutos. En la mesa 72, Evo ganó -fue ratificado su mandato- con 283 votos sobre 295. Hubo 2 votos en blanco, dos por el “NO” y 8 anulados. No sacamos el porcentaje y no lo voy a hacer ahora. Sirve sí, decir que este resultado fue similar en todas las mesas que fiscalizamos, con toda seriedad, los humanistas.

Mañana haremos un análisis de los resultados y del futuro de Bolivia. Ahora, siendo las 23,45 del día 10 de agosto, nos sentimos un poco cansados. Pero felices. Felices por lo que hicimos y felices por Bolivia.

PDF Printer    Enviar artculo en formato PDF   

Un comentario para “Felices por Bolivia”

Deja un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.