Un sábado a la tarde cambié mi rutina de encontrarme con amigos en el bar Ramos (Corrientes al 1600) y crucé hasta La Paz, lugar que tiene un curioso sector para el  “encierro” de los fumadores. Iba a un intercambio con Armando, compañero de la provincia de Buenos Aires.

Lo que ocurrió allí no es motivo de este breve relato. Sí lo que pasó al salir.

Pero digamos, antes de ir al tema, que recién habían sucedido las elecciones en la Capital Federal de Argentina -los  humanistas veníamos de obtener un escaso 1,2 por ciento- y era uno de los asuntos a conversar. Preocupado por ese porcentaje, que apareció al comenzar la charla, Armando semblanteó a los parroquianos, vio caras conocidas, saludó y comentó: “esta  tarde, La Paz está al 15 por ciento de humanistas”. “En la reducida población fumadora” -pensé-  pero no quise inquietarlo con la precisión. Era todo un record si lo comparábamos con los votos en la elección de ese año 2007. 

Terminada la charla, salimos con Armando para cruzar la calle Montevideo por la vereda norte en dirección a Callao y, cuando comenzamos a hacerlo, advertimos que un señor mayor caía sobre el paso de cebra. Nos miramos alarmados, porque habíamos visto parpadear la figura del peatón en el semáforo y había poco tiempo para que se abriera al paso de automóviles.  Corrimos. Cuando llegamos hasta el caído, vimos que una persona que cruzaba desde la vereda de enfrente ya lo estaba tomando de los hombros y nos sumamos para ponerlo de pie y casi arrastrarlo hasta la acera de enfrente. Una vez allí, nos miramos entre todos y tuvimos una sorpresa y un registro muy gratos.

El tercer hombre era Fernando, un amigo que hacía poco había regresado de un viaje por India, donde, junto a su pareja Cristina, pusieron en pie estructuras del Movimiento Humanista.

Nos saludamos, asistimos a la persona, que explicaba los motivos de su caída para restablecer su imagen ante nosotros y ante él mismo. Lo hizo de un modo original, destacando que no lamentaba haberse caído porque había gente que ayudaba a otros a levantarse.

Todavía ocupado en su tema, Armando susurró: “en ésta, fuimos el 100 por ciento”.

Escuchamos al anciano durante un rato más y nos fuimos, cada uno en una dirección diferente.

Era un sábado a la tarde, en Buenos Aires, hace un tiempo.

El viernes 19 de septiembre de este año participamos de un panel donde explicamos el punto de vista humanista sobre la situación que vive Bolivia -hay una nota de ese día en el blog- y las razones de nuestra adhesión a un gobierno democrático y no violento. Al salir, Armando nos condujo en su automóvil, a Nélida y a mí, hasta la parada del tren subterráneo y en el trayecto nos detuvo la policía.

Nuestro conductor no tenía sus documentos personales ni los del auto pero planteó con sinceridad y simpatía las razones de su olvido y nos permitieron seguir. Ninguno quiso imaginar el efecto en nuestras vidas de este episodio durante la dictadura.

Tampoco voy a especular en torno al hecho de que sólo dos veces compartimos tiempo y acciones con Armando y las dos veces ocurrieron hechos fuera de lo común y justo al salir.

Hasta ahora,  “Cien por ciento” singular.

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3 comentarios para “Viñetas porteñas / Cien por ciento”

  • monihumanis dice:

    jajajaj. Muy buena historia. Gracias por compartirla.
    Abrazos,
    Mónica F.

  • Guillermo Cabrera dice:

    Guillermo, el jujeño

    No Luis, seamos, “serios” y hasta rigurosos. C.G. Jung antes, y Chopra ahora, tendrían en sus manos un interesante caso para ilustrar sus experiencias sobre sincronicidad. Otros preferirían ahondar en cuestiones como de “vibraciones simpáticas”. Muy lindo relato.

  • ArTe dice:

    El relato de Luis, es impecable… los hechos fueron realmente originales…
    Entre impecable y original está lo excepcional… así es D. Luis!
    Cien por cien único.

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