Archivo de enero de 2009
La Presidente de Chile, Michelle Bachelet Jeria, adhirió con entusiasmo a la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia que este año recorrerá 90 países a partir del 2 de octubre.
La primera mandataria de la República de Chile recibió a Tomás Hirsch, vocero Latinoamericano del Nuevo Humanismo y conversaron durante una hora sobre el proyecto originado en la institución Mundo Sin Guerras y que patrocinan numerosas organizaciones No Gubernamentales.
Hirsch, que es precandidato humanista a Presidente de Chile, calificó la entrevista como “amable y calida” y destacó que Bachelet “considera la posibilidad de ir a la etapa final de la Marcha que concluye en el Parque Punta de Vacas, en la cordillera de los Andes, Argentina”.
“La Presidenta me indicó que podemos hacer público desde ya mismo su adhesión”, confirmó Hirsch, quien adelantó que “en los próximos días se difundirá un video de alta calidad con la adhesión presidencial y con una convocatoria invitando a sumarse”.
Trascendió también que la señora Presidente acordó recibir al Coordinador Mundial de la Marcha, Don Rafael de la Rubia, en el Palacio de Gobierno en marzo o abril y está en estudio la posibilidad de un encuentro de militares latinoamericanos de alto nivel para tratar esos temas.
El vocero humanista destacó el interés del gobierno de Chile en esta iniciativa por la paz mundial, ya que “se estableció un enlace de alto nivel para coordinar un resuelto apoyo a esta Marcha Mundial.
“La Presidente -aseguró Hirsch- considera los temas del desarme nuclear, la paz entre las naciones y la No Violencia, como asuntos de gran trascendencia con los que se siente profundamente identificada”.
Para Irina Burstein Romera y Miguel Molto
En Buenos Aires, la luz diurna dura hasta tarde en verano.
Hace unos días, casi al anochecer, iba cruzando la calle Corrientes desde la vereda sur hacia la norte, en la esquina con Uruguay y, allí donde la acera se ensancha con aires de paseo, vi a un grupo de personas con carteles en la mano. Llevaba prisa y advertí que, apenas pusiera el pie en la acera a la que me dirigía, el semáforo me permitiría cruzar en “ele” hacia la vereda este de Uruguay. Me mandé, mientras miraba de reojo los carteles “¿Quieres un abrazo?/ “Abrazos gratis”/ “Damos un abrazo” y algún otro.
Pensé que no me vendría mal, después de un día duro pero iba a una reunión de relajamiento y otros trabajos personales y no quería llegar tarde. Esa reunión era “mi abrazo previsto”, el bálsamo que me devolvía a mi mismo, que me permitía rehacer los pedazos del alma partidos por las agresiones de casi todos los que enfrentamos a diario. Iba con ese propósito y en esa dirección, no quería atrasarme y comencé el cambio de rumbo en 90 grados. Es probable que, visto desde afuera, pareciera que intentaba esquivar a los militantes del abrazo pero no era la intención. Igual, no pude continuar.
“Tío, tío ¡un abrazo!” escuché. Alguien se acercaba y me volví.
Tío es una expresión afectuosa que se usa en Córdoba para saludar amistosamente a cualquier persona mayor, conocida o desconocida. La han usado conmigo para preguntar regalando el humor cordobés (“Tío, tío, ¿usted salió electo?”) o pedir (“Me ayuda con una monedita, tío?”) o para responder (“Sí, tío. Son mil metros al sur y luego 1350 al este. Suerte, tío”). En Madrid también lo usan pero como equivalente a nuestro “tipo” o a “persona” o “individuo”. “Es un tío de la hostia” recuerdo que decía con admiración un joven refiriéndose a otro.
Pero no estaba ni en Córdoba ni en Madrid, así que esas imágenes se esfumaron. “Tío”, caí en cuenta, también es una expresión que denota parentesco. ¡Pero uno no tiene sobrinos en las grandes ciudades! Los sobrinos son entidades propias de los pueblos, porque los pueblos son, todavía, familias grandes en un espacio pequeño. Se me hizo evidente, que no esperaba encontrar un sobrino o sobrina en las calles de Buenos Aires.
Allí estaba. De todas las posibilidades imaginadas, era la mejor: una sobrina me ofrecía un abrazo. “Tío, tío ¡un abrazo!”. Era Irina, de Villa Dolores, hija de mi prima Mónica, de visita en Buenos Aires donde vive su padre. La abracé, abracé a su papá -después de unos 16 o 17 años de no vernos- y seguí abrazando. De apuro, porque estaba atrasado. Estaba programado para ir a abrazarme con otras personas, en una reunión marcada con antelación. Fue un encuentro neurótico, casi formal. Compartí un momento y seguí viaje.
Fui, tuve la reunión predicha, volví y recién esa noche caí en cuenta de que todavía seguía corriendo, por inercia. El día me había marcado con sus prisas haciéndome su victima, devorándome como dicen que Kronos lo hacía con aquellos que él engendraba. Al día siguiente volví a Corrientes y Uruguay en diferentes horas pero no los encontré, estarían dando abrazos en otras esquinas, lo más probable.
“Tío, tío ¡un abrazo!” es una frase que me despierta de la ilusión de estar despierto mientras corro detrás de imágenes que, por previstas, no son más importantes que las encontradas en cualquier recodo de la vida. “Tranquilo mi niño”, me digo al estilo canario, tengo que equilibrar lo externo y lo interno, la acción en el mundo y la conciencia de mi mismo.
La historia, por repetida, no deja de ser un punto de partida para una reflexión simple, liviana. Una reflexión de verano sobre el uso del tiempo y sobre la atención.
No estaría mal proponernos dejar espacio para una pausa cotidiana, con abrazos o sin ellos. Una pausa diaria para retomar contacto con nosotros mismos, un hábito que nos permita aceptar morosamente las excepciones que nos propone la vida. Tal vez deberíamos permitirnos también, planificar con calendarios holgados, con espacios para imprevistos. Que nos pongan en disposición y nos permitan recibir abrazos. De sobrinos y de extraños.
Desde Nueva York la agencia Pressenza IPA nos envía una nota de Chris Wells* que transcribimos completa.
Enfrentar el impensable peligro nuclear
Al asumir, el Presidente electo Obama se halla ante una larga lista de enormes desafíos, desde la recuperación económica hasta los servicios de salud, Irak, Afganistán y el calentamiento global. El desarme nuclear está muy lejos del primer lugar en esa agenda. Debería ser el número 1.
Una noche, el año pasado, tuve la oportunidad de ver un breve video hecho por la Nuclear Age Peace Foundation (Fundación Paz en la Era Nuclear). Como un modo de ilustrar el impacto de una detonación nuclear, el video mostraba un mapa de Times Square, en la ciudad de Nueva York. Tenía un punto negro para marcar la potencial “zona cero” que resultó estar a unas pocas cuadras de mi departamento. A medida que caía en cuenta de las implicancias de esto, sentí la presencia de mis hijos durmiendo en la habitación de al lado, sus cuerpos desprotegidos y, en ese momento, se volvió menos abstracta, más de carne y hueso, mi impresión sobre la realidad de las armas nucleares.
No nos gusta pensarlo. La idea de un ataque nuclear, la devastación y el sufrimiento indescriptible que desataría, es profundamente perturbador. Ni hablemos de la posibilidad de escalada. Dada la cantidad actual de ojivas nucleares, es concreta la capacidad de destruir la vida en la Tierra (varias veces). Es comprensible, por lo tanto, que esto resulte difícil y desagradable de imaginar, casi impensable.
Sin embargo y sin llegar a la histeria, es esencial que tomemos conciencia de esta grave amenaza para la humanidad y asumamos la tarea de trabajar por la eliminación de las armas nucleares con toda la urgencia que la situación exige.
Aunque es difícil imaginar que realmente pueda usarse un arma nuclear, la posibilidad es muy real. La violencia estalla en Medio Oriente. Las tensiones se elevan entre India y Pakistán (ambas potencias nucleares).
Miles de misiles están listos para ser lanzados automáticamente en caso de alerta: el mero accidente podría desatar la guerra nuclear. Sin hablar de la aterradora posibilidad de una “bomba en un maletín”.
La necesidad de superar la amenaza de destrucción nuclear es mucho más urgente que el cambio climático (que también es muy grave) y debería ser la prioridad # 1 de las potencias nucleares. Estados Unidos puede y debe desempeñar un rol de liderazgo crucial. Poniendo fin a la postura de Estados Unidos en los últimos tiempos de frenar el progreso, el equipo de Obama podría impulsar un audaz proceso internacional por el desarme progresivo, con el claro objetivo de eliminar todas las armas nucleares lo antes posible. En ese contexto, también será posible la cooperación internacional para el control de las armas nucleares “que andan sueltas”, los materiales y la proliferación nuclear.
Si bien los gobiernos deben hacer su parte, las iniciativas de la base social como la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia son muy importantes para crear conciencia. Esta conciencia entre los pueblos del mundo podría ser decisiva para priorizar el desarme, de la misma manera que el calentamiento global tiene ya un lugar en la conciencia colectiva.
Cuando nos imaginamos un ataque nuclear – si lo hacemos – tendemos a pensar que va a pasar “en algún otro lado”. Esa noche, el año pasado, me di cuenta de que era una ilusión. Podría ocurrir aquí en mi barrio. Podría ocurrir en cualquier parte. Y así como no quiero ningún daño para mis hijos, tampoco lo quiero para el hijo de ningún otro padre. Si enfrentamos el impensable peligro nuclear, podemos dar a nuestros hijos y nietos un mundo sin estas monstruosas armas y, tal vez, abrir el camino a la reducción de las armas convencionales y del militarismo también.
*Es Vocero norteamericano del Nuevo Humanismo. Fue editor de Chelsea Journal y actualmente es actor profesional. Vive en Nueva York con su esposa y dos hijos.
El esquema conocido de apuntar a la cabeza -en este caso, denostar a Evo Morales- ha fracasado. Todo lo que se dijo de él, tratando de desprestigiarlo, ha caído en el descrédito y cada día se respeta más su inteligencia, su lealtad al pueblo, su dedicación al trabajo, su pacifismo, su coherencia, su honradez, su energía.
La oposición cuenta con los medios privados de comunicación, tanto televisivos como radiales y escritos. Los noticieros y los programas políticos machacaron durante dos años y medio sobre estos puntos sensibles: “Bolivia no era independiente porque Chávez manejaba a Evo; el presidente era un mestizo más y no hablaba con fluidez el idioma aymará; era un totalitario que procuraba la reelección indefinida” y otros argumentos menores con los que se construyó una estrategia discursiva que todos repetían.
Nada de esto resultó creíble y, menos aún. se pudo sostener frente a los hechos, que demostraron la fragilidad de los argumentos. Al tiempo, la derecha “mostró la hilacha”. Hubo importantes demostraciones de fuerza en su baluarte, el Departamento de Santa Cruz, donde movilizó a grupos violentos como la Unión Juvenil Cruceña, vinculada al Frente Cívico, que produjeron muertes y humillaciones de campesinos e indígenas. Prácticas que se extendieron a otros departamentos y culminaron con la masacre de Pando, motivo de la repulsa internacional.
Esa estrategia -que contó con el patrocinio y la activa participación de la embajada estadounidense- naufragó en las urnas durante el referéndum revocatorio de agosto de 2008, cuando Evo Morales fue ratificado con el 67 por ciento de los votos. A partir de ahí, la derecha opositora tuvo que armar un nuevo plan. O más de uno. Hoy aún no están definidos pero hay globos de ensayo.
Una hipótesis sobre el futuro desempeño de la oposición en la Bolivia de la Nueva Constitución es la de continuar explorando la posibilidad de escindir a los estados de la “media luna”. Muchos recalcitrantes están dispuestos a llegar a una guerra civil para mantener sus privilegios de casta y de clase. Pero no será fácil: los estados soberanos de Latinoamérica ya le han hecho saber a los secesionistas que no serán reconocidos y quedarán en el aislamiento.
Otra posibilidad que barajan los opositores es la de dividir a los pueblos originarios y crear un nuevo líder que crezca hasta obtener el poder formal mientras la derecha ejerce el poder real. “Una cuña del mismo palo”. Esto ya se intentó y tuvo un éxito relativo con Sabina Cuéllar, una campesina, “mujer de pollera” que se formó junto a Evo. Ella es la actual Prefecta de Sucre y ahora está en el bando de la contra.
Los temas que pueden servir a este propósito son las autonomías que la Nueva Constitución otorga a las 36 nacionalidades originarias, la justicia comunitaria (incomprensible e inaplicable para los blancos) y las necesidades insatisfechas en el plano social. Como se sabe, Bolivia es un territorio rico en recursos naturales pero su pueblo ha vivido en la pobreza, al punto de ocupar hoy el segundo lugar en Latinoamérica, detrás de Haití. Evo ha tenido concreciones en este plano pero los analistas opinan que se necesitan muchos años de esfuerzos para dar vuelta la situación. Entonces, fogonear las impaciencias sociales y crear un líder endógeno, es otra de las posibilidades que estudia la oposición.
Un aspirante funcional a este propósito, a juzgar por el tratamiento reciente de la “prensa contra”, es Víctor Hugo Cárdenas, ex vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, un aymará (ex militante del movimiento katarista) que se jacta de hablar mejor que Evo el idioma de sus ancestros. Un detalle nimio que no alcanza a disimular que es un “indígena de corbata”, servidor como hubo tantos, de los colonizadores.
No sabemos cómo discurrirán estas variantes, pero es seguro que la oposición no va a resignar privilegios que vienen desde la colonia.
Los argentinos que amamos a Bolivia estamos felices por la nueva Constitución que su pueblo aprobó por amplia mayoría.
No ha sido una sorpresa. Las cifras recientes del referéndum que ratificó a Evo Morales como presidente del país con el 67 por ciento, en agosto pasado, reflejaban la voluntad de apoyar de modo creciente al proceso revolucionario que él encabeza y que partió con un 54 por ciento hace tres años.
Es evidente que los pueblos originarios, que nunca perdieron su dignidad, están recuperando ahora los derechos que les robaron por la fuerza los opresores. Lo hacen a través del ejercicio de la democracia.
Es una lección de política para la humanidad. La Constitución de Bolivia consagra valores que revelan inteligencia y más aún, sabiduría. La renuncia a la guerra como modo de solucionar los conflictos entre países, por ejemplo, establece una pauta civilizada que pone un nuevo marco a las relaciones internacionales. Coherentemente, el texto prohíbe la instalación de bases militares extranjeras en territorio boliviano.
Estas resoluciones son consistentes con la práctica política cotidiana de Evo Morales y García Linera, quienes nunca reprimieron las violentas manifestaciones que tuvieron que enfrentar desde mediados de 2006 a octubre de 2008. Esa práctica de la No-Violencia diferenció al gobierno de una oposición sangrienta que produjo una masacre de indígenas en el departamento de Pando, responsabilidad del Prefecto opositor Leopoldo Fernández, hecho investigado y repudiado por la comunidad internacional.
Volviendo a la Constitución, digamos que el día domingo 25 se cumplió con una de las banderas de campaña que llevó al poder a Evo Morales, una instancia muy significativa para la ciudadanía en general pero sobre todo para los indígenas y campesinos. Esta Nueva Carta Magna deja atrás un Estado colonial al servicio de una minoría de raza blanca y de mestizos que postergó durante más de 500 años al 85 por ciento de la población. Ahora habrá un estado plurinacional que reconoce a “36 naciones indígenas previas a la invasión colonial española”.
La democracia no sólo está garantizada sino que se profundiza: de hecho ya es práctica la toma de decisiones directamente por el pueblo, a través de plebiscitos, pero la Constitución avanza dejando a la decisión popular la designación de los jueces de la Corte Suprema.
Respecto de los recursos naturales se afianza el principio de propiedad nacional y se prohíbe la privatización. También se obliga a la propiedad privada a cumplir una función social y se ponen límites a la propiedad rural.
El nuevo Estado que consagra la Constitución es laico. Es decir: respetuoso de todas las creencias, inclusivo en esta materia como el espíritu general del texto.
Los argentinos que somos parte de Latinoamérica estamos felices. Felices por el gran pueblo de Bolivia y por la conducción política que guía este proceso fundacional.
Está finalizando el primer mes del año. Es el típico período de vacaciones en el hemisferio sur, como lo es agosto y no su equivalente en el calendario, que sería julio, en Europa. Un alarmista podría decir que ya nos cepillamos un 8,33 por ciento del año pero un optimista nos dirá que hemos vivido mucho más en estos días que en meses de otros años. Es cierto. No parece que vaya a ser un año anodino.
El primero de enero celebramos el 50 aniversario de la revolución cubana, un hito en la lucha de las naciones por su independencia, un ejemplo de resistencia popular a la agresión de un imperio, un modelo en educación, sanidad y otros logros que tuvieron como destinatario y protagonista al pueblo cubano. La naturaleza le proveyó belleza pero le negó recursos alimentarios a esta isla del Caribe, similar en mucho a la vecina Haití -el país más pobre de América- y similares hubiesen sido sus destinos de no mediar la revolución. A todos los cubanos ¡Salud!
Simultáneamente, nos llenamos de dolor y estupor con los enfrentamientos entre el gobierno de Israel y el gobierno local (Hamas) de la Franja de Gaza; una desgracia que parece de nunca acabar. Ojalá este año se avance en la conciencia de que el uso de la violencia es la característica que mantiene al ser humano inmerso en la prehistoria.
Cotidianamente la prensa -sobre todo la independiente- y el mundo virtual mostraron el clima de pesimismo que embargó a vastos sectores sociales. Los más afectados fueron los jóvenes, que se manifestaban perplejos frente al primitivismo de los enfrentamientos armados y a la visualización del otro como un objetivo a eliminar. Pero no todo está perdido: este año tendremos la posibilidad de informarnos e informar a otros sobre las consecuencias de las guerras, empezando por el peligro nuclear -otra vez vigente- y las condiciones de vida en territorios ocupados por tropas invasoras. En 2009 se realiza la “Marcha Mundial por la Paz y la No violencia”, el más grande operativo hecho jamás para esclarecer e intercambiar sobre el destino de la humanidad. Es la posibilidad de comprender algo concluyente: el futuro (el futuro es la patria de los jóvenes) dependerá de que protagonicemos con otros un cambio que es posible.
Precisamente con este signo del cambio posible está realizándose en estos días el Foro Social Mundial en Belém do Pará, Brasil, cuya filosofía humanista compartimos y en el que hemos participado desde su inicio en el año 2001 (25 al 30 de enero) en Porto Alegre. Saludamos la permanencia de esta iniciativa y la anotamos en el haber de este mes de enero.
Otro signo positivo ha sido la asunción del nuevo presidente de los Estados Unidos de (Norte) América, Barack Hussein Obama. Como hemos señalado en otra columna (ver 30 de noviembre) este afro descendiente llega al poder por decisión de un pueblo que se reivindica eligiendo como su gobernante a un hombre proveniente de un sector que, hace dos décadas, aún era perseguido por razones étnicas. Obama asume en medio de expectativas que han crecido hasta ser desmedidas y poco realistas y pueden producir a mediano plazo impaciencias y frustraciones. El arranque ha sido positivo: cerró Guantánamo, un presidio que nos dolía en el alma y en la carne, como debió doler a los presos sin causa. Pero no es sensato pedir peras al olmo.
Una hazaña concretada en enero ha sido la consagración de la Nueva Constitución en Bolivia. Significa dejar atrás un estado colonial y discriminador, continuidad del genocidio y la rapiña europea que hoy se queja por los medios de comunicación -El País, de Madrid, a la cabeza- por el fin de una época oprobiosa. La Bolivia de los pueblos originarios ha sido fundada y está abierta a todos los hombres de buena voluntad.
Sin duda hubo más acontecimientos importantes en el mundo y nos ocuparemos de ellos pero ahora queríamos saludar -en el regreso del blog- a todos los amigos que se han comunicado con nosotros de muchas maneras y pasar revista a los temas que, sin duda, hubiéramos analizado y/ o comentado. Seguimos en carrera.





