Está finalizando el primer mes del año. Es el típico período de vacaciones en el hemisferio sur, como lo es agosto y no su equivalente en el calendario, que sería julio, en Europa. Un alarmista podría decir que ya nos cepillamos un 8,33 por ciento del año pero un optimista nos dirá que hemos vivido mucho más en estos días que en meses de otros años. Es cierto. No parece que vaya a ser un año anodino.
El primero de enero celebramos el 50 aniversario de la revolución cubana, un hito en la lucha de las naciones por su independencia, un ejemplo de resistencia popular a la agresión de un imperio, un modelo en educación, sanidad y otros logros que tuvieron como destinatario y protagonista al pueblo cubano. La naturaleza le proveyó belleza pero le negó recursos alimentarios a esta isla del Caribe, similar en mucho a la vecina Haití -el país más pobre de América- y similares hubiesen sido sus destinos de no mediar la revolución. A todos los cubanos ¡Salud!
Simultáneamente, nos llenamos de dolor y estupor con los enfrentamientos entre el gobierno de Israel y el gobierno local (Hamas) de la Franja de Gaza; una desgracia que parece de nunca acabar. Ojalá este año se avance en la conciencia de que el uso de la violencia es la característica que mantiene al ser humano inmerso en la prehistoria.
Cotidianamente la prensa -sobre todo la independiente- y el mundo virtual mostraron el clima de pesimismo que embargó a vastos sectores sociales. Los más afectados fueron los jóvenes, que se manifestaban perplejos frente al primitivismo de los enfrentamientos armados y a la visualización del otro como un objetivo a eliminar. Pero no todo está perdido: este año tendremos la posibilidad de informarnos e informar a otros sobre las consecuencias de las guerras, empezando por el peligro nuclear -otra vez vigente- y las condiciones de vida en territorios ocupados por tropas invasoras. En 2009 se realiza la “Marcha Mundial por la Paz y la No violencia”, el más grande operativo hecho jamás para esclarecer e intercambiar sobre el destino de la humanidad. Es la posibilidad de comprender algo concluyente: el futuro (el futuro es la patria de los jóvenes) dependerá de que protagonicemos con otros un cambio que es posible.
Precisamente con este signo del cambio posible está realizándose en estos días el Foro Social Mundial en Belém do Pará, Brasil, cuya filosofía humanista compartimos y en el que hemos participado desde su inicio en el año 2001 (25 al 30 de enero) en Porto Alegre. Saludamos la permanencia de esta iniciativa y la anotamos en el haber de este mes de enero.
Otro signo positivo ha sido la asunción del nuevo presidente de los Estados Unidos de (Norte) América, Barack Hussein Obama. Como hemos señalado en otra columna (ver 30 de noviembre) este afro descendiente llega al poder por decisión de un pueblo que se reivindica eligiendo como su gobernante a un hombre proveniente de un sector que, hace dos décadas, aún era perseguido por razones étnicas. Obama asume en medio de expectativas que han crecido hasta ser desmedidas y poco realistas y pueden producir a mediano plazo impaciencias y frustraciones. El arranque ha sido positivo: cerró Guantánamo, un presidio que nos dolía en el alma y en la carne, como debió doler a los presos sin causa. Pero no es sensato pedir peras al olmo.
Una hazaña concretada en enero ha sido la consagración de la Nueva Constitución en Bolivia. Significa dejar atrás un estado colonial y discriminador, continuidad del genocidio y la rapiña europea que hoy se queja por los medios de comunicación -El País, de Madrid, a la cabeza- por el fin de una época oprobiosa. La Bolivia de los pueblos originarios ha sido fundada y está abierta a todos los hombres de buena voluntad.
Sin duda hubo más acontecimientos importantes en el mundo y nos ocuparemos de ellos pero ahora queríamos saludar -en el regreso del blog- a todos los amigos que se han comunicado con nosotros de muchas maneras y pasar revista a los temas que, sin duda, hubiéramos analizado y/ o comentado. Seguimos en carrera.
