El esquema conocido de apuntar a la cabeza -en este caso, denostar a Evo Morales-  ha fracasado.  Todo lo que se dijo de él, tratando de desprestigiarlo, ha caído en el descrédito y cada día se respeta más su inteligencia, su lealtad al pueblo, su dedicación al trabajo, su pacifismo, su coherencia, su honradez, su energía.

La oposición cuenta con los medios privados de comunicación, tanto televisivos como radiales y escritos. Los noticieros y los programas políticos machacaron durante dos años y medio sobre estos puntos sensibles: “Bolivia no era independiente porque Chávez manejaba a Evo; el presidente era un mestizo más y no hablaba con fluidez el idioma aymará; era un totalitario que procuraba la reelección indefinida” y otros argumentos menores con los que se construyó una estrategia discursiva que todos repetían.

Nada de esto resultó  creíble y, menos aún. se pudo sostener frente a los hechos, que demostraron la fragilidad de los argumentos. Al tiempo, la derecha “mostró la hilacha”. Hubo importantes demostraciones de fuerza en su baluarte, el Departamento de Santa Cruz, donde movilizó a grupos violentos como la Unión Juvenil Cruceña, vinculada al Frente Cívico, que produjeron muertes y humillaciones de campesinos e indígenas. Prácticas  que se extendieron a otros departamentos y culminaron con la masacre de Pando, motivo de  la repulsa internacional.

Esa estrategia  -que contó con el patrocinio y  la activa participación de la embajada estadounidense- naufragó en las urnas durante el referéndum revocatorio de agosto de 2008, cuando Evo Morales fue ratificado con el 67 por ciento de los votos. A partir de ahí, la derecha opositora tuvo que armar un nuevo plan. O más de uno. Hoy aún no están definidos pero hay globos de ensayo.

Una hipótesis sobre el futuro desempeño de la oposición en la Bolivia de la Nueva Constitución es la de continuar explorando la posibilidad de escindir a los estados de la “media luna”. Muchos recalcitrantes están dispuestos a llegar a una guerra civil para mantener sus privilegios de casta y de clase. Pero no será fácil: los estados soberanos de Latinoamérica ya le han hecho saber a los secesionistas que no serán reconocidos y quedarán en el aislamiento.

Otra posibilidad que barajan los opositores es la de dividir a los pueblos originarios y crear un nuevo  líder que crezca hasta obtener el poder formal mientras la derecha ejerce el poder real. “Una cuña del mismo palo”. Esto ya se intentó y tuvo un éxito relativo con Sabina Cuéllar, una campesina, “mujer de pollera” que se formó junto a  Evo. Ella es la actual Prefecta de Sucre y ahora está en el bando de la contra.

Los temas que pueden servir a este propósito son las autonomías que la Nueva Constitución otorga a  las 36 nacionalidades originarias, la justicia comunitaria (incomprensible e inaplicable para los blancos) y las necesidades insatisfechas en el plano social. Como se sabe, Bolivia es un territorio rico en recursos naturales pero su pueblo ha vivido en la pobreza, al punto de ocupar hoy el segundo lugar en Latinoamérica, detrás de Haití. Evo ha tenido concreciones en este plano pero los analistas opinan que se necesitan muchos años de esfuerzos para dar vuelta la situación. Entonces, fogonear  las impaciencias sociales y crear un líder endógeno, es otra de las posibilidades que estudia la oposición.

Un aspirante funcional a este propósito, a juzgar por el tratamiento reciente de la “prensa contra”,  es Víctor Hugo Cárdenas, ex vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, un aymará (ex militante  del movimiento katarista) que se jacta de hablar mejor que Evo el idioma de sus ancestros. Un detalle nimio que no alcanza a disimular que es un “indígena de corbata”, servidor como hubo tantos, de los colonizadores.

No sabemos cómo discurrirán estas variantes, pero es seguro que la oposición no va a resignar  privilegios que vienen desde la colonia.

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