John Peter Berger, 1926, -quien se define como “un contador de historias”, es autor de una treintena de libros -novela, ensayo, artículos en prensa, poesía, guiones de cine- entre los cuales la novela “G.” (en español, Alfaguara, 1994), ganadora del prestigioso Booker Prize; de “Modos de ver” (1972), un texto que cambió el modo de apreciar el arte y “De sus fatigas”, una trilogía en la que trabajó durante quince años. La componen los libros “Puerca tierra”, “Una vez en Europa” y  “Lila y Flag”. En las dos primeras aborda los cambios que provoca el paso de la vida rural a la urbana y pronostica que este modo de vida desaparecerá en menos de un siglo; en la tercera,  encontramos a la nueva generación instalada en la urbe. Son historias que admiten una lectura sociológica pero son, también, “la búsqueda de una voz con la que relatar este excepcional acontecimiento de la humanidad”.

Nos hacen llegar un fragmento de una entrevista hecha por Xoán Abeleira y publicada en el blog lallibertatdelsantics.blogspot.com. En estas pocas líneas que trascribimos, Berger ratifica su apego a la cultura campesina, da una lección de política, rescatando la acción de los pueblos indígenas de Latinoamérica  y señala la importancia de lo subjetivo: dar un sentido a la vida. JB atribuye a los creadores el rol de resistir la uniformidad y transformarnos nosotros al tiempo que transformamos el mundo.” Recomendamos leer la entrevista completa.

JB…”las culturas campesinas, en su conjunto, conforman una de las mayores riquezas de la Humanidad. Un corpus extraordinario de conocimiento que fue germinando a lo largo de los siglos, y que no podemos rechazar así como así. El capital financiero que nos maneja está imponiendo un orden económico cada vez más inhumano. Todo lo referente al pasado se ve como un supuesto lastre que hay que dejar atrás en nombre de un supuesto futuro lleno de promesas. Pero ningún futuro verdadero puede crearse despreciando las enseñanzas que nos legó el pasado. Lo cual no tiene nada que ver con el “conservadurismo”. Y, en ese sentido, estoy completamente de acuerdo con Pasolini, para quien “la Revolución es la guardiana del pasado”.

XA.: Ya sé que es usted reacio a proponer la solución a este problema tan dramático, pero ¿alguna tiene que haber, no?
JB.: ¡Muchas, espero! Cada país, cada pueblo, cada sociedad campesina ha de encontrar la suya, porque, a pesar de las semejanzas esenciales, existen diferencias entre unas y otras -como entre el minifundismo y el latifundismo-. Ya empiezan a verse algunos signos esperanzadores, como en Latinoamérica, donde las poblaciones indígenas o los movimientos como el zapatista no sólo luchan por sus tierras y por sus derechos, sino que intentan dar una respuesta a este capitalismo brutal que nos absorbe. Hay mucha gente trabajando por el cambio, dando ejemplo con sus propias vidas. Ya dije en alguna ocasión que, cuando miro al cielo, ese cielo al que los poetas lanzan sus gritos, veo algo semejante a un movimiento alternativo al poder actual. Un espacio que entraña en sí a todas esas personas que luchan y trabajan por dar sentido a su existencia. En ellas, pienso, reside la esperanza.

XA.: Entonces, ¿”resistir lo es todo”, como aseveró Rilke?
JB.: Resistir y despertar. Nuestra conciencia y la de los demás. Tal vez el arte, la cultura, no puedan transformar directamente la sociedad, pero sí a las personas que la conforman. Y, en ese sentido, los creadores, tenemos una enorme responsabilidad: resistir frente a esta suerte de uniformidad mental que nos están imponiendo, transformarnos nosotros al tiempo que transformamos el mundo. Por eso, si tuviera que definirme, diría simplemente que soy un resistente más. Un contador de historias que resiste.”

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