Los viernes, a las 20 horas, la secretaría de capacitación del partido Humanista de Argentina difunde documentales y películas en su  local de la calle San Juan 1828, a las 20 horas.

Hoy  se pasará la película: “¿Por qué luchamos?”  dirigida por Eugene Jarecki, cuya temática es la  política exterior norteamericana manejada desde el complejo industrial-militar.
La cantidad de información contradictoria que circula habitualmente produce en el ciudadano medio el efecto -¿buscado?- de la desinformación. Las personas no saben a quién creerle y no cuentan con medios para establecer por su cuenta cuál es la verdad.

El tema del imperialismo estadounidense es crucial a la hora de entender muchas políticas internas de los países de Latinoamérica y, por eso,  es el eje de este ciclo. Pero ¿dónde se encuentra la verdad? Parecería que hay que dirigirse al campo ideológicamente opuesto, que señala con el dedo acusador las intenciones y los procedimientos abusivos; pero esto genera las dudas que crean las visiones parciales.

Buscando una fuente inobjetable, hemos utilizado el procedimiento inverso: acudir a los estadounidenses. En ocasiones, la impunidad que caracteriza al poder permite que los protagonistas suelten la lengua y digan lo que realmente pasó; en otras oportunidades, los documentos “des – clasificados” o las investigaciones solicitadas por el propio Senado, revelan los hechos con toda crudeza. Ese material existe porque es un producto comercialmente redituable aunque su circulación no siga los canales masivos  tradicionales. Internet hace el resto.

Es cierto que esto permite conocer la verdad cuando ya los hechos sucedieron y no se pueden revertir. Pero esclarece sobre el doble discurso, permite conocer los modos en que se dicen las cosas,  el significado oculto de ciertas frases y, en suma, el estilo de mentir de los políticos y funcionarios del estado imperial.

En uno de ellos, por ejemplo,  se explica como ha hecho la presidencia de los EE.UU. para dar la orden de matar a un presidente de otro país. Recordemos que ese fue el caso de Fidel Castro, que sufrió 46 atentados contra su vida. Ante el personal de los servicios de inteligencia el presidente dice: “No puedo opinar sobre este tema. No me pidan que diga  hay que matar a Castro”.  Ese es el modo de dar la orden, negándola.

Lo anterior es sólo un ejemplo. Si encontramos un hueco, resumiremos textos donde se dice con total desparpajo que las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki fueron innecesarias. Las ciudades japonesas, con una edificación construida de madera, había sido destruida en porcentajes superiores al 50 por ciento, con bombas incendiarias y era cuestión de días que se produjera la rendición. La muerte de decenas de miles de civiles -ancianos, mujeres y niños- no combatientes, fue para dejar establecido quién tendría el poder en el mundo de la posguerra. Esto fue dicho por Robert MacNamara en un reportaje en su ancianidad. Lo dicho es sólo a título de ejemplo. Paradojalmente, la verdad puede venir de boca de los que mintieron.

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