Cuando una situación es insostenible, el ingenio popular lo describe como estar “en el horno”. Es una expresión muy gráfica.

Cuando los periodistas se confunden y escriben diciendo lo que todos sabemos y, además, como si fuera algo nuevo,  estamos en el horno.

Al referirnos en estos días a la comunicación del gobierno con la gente hemos aludido a la llegada de las noticias de acciones positivas del gobierno (desde 2003 a hoy se hicieron más viviendas que en la época de Perón, hay casi 700 escuelas nuevas en todo el país, las jubilaciones subieron 14 veces, etcétera) a la sociedad en su conjunto y a la militancia en particular.

El día 3, Clarín titula: “Confusión entre propaganda y comunicación en el Gobierno” y pensamos que el periodista desarrollaría un tema de sumo interés. Pero, en realidad, se refiere a la comunicación de los resultados electorales y destaca el error en la tarde del domingo  cuando Enrique Albistur (Secretario de Medios) “y el vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, anunciaron precoces y triunfales una victoria de Kirchner por 6 puntos de diferencia”.

Sin duda que fue un insostenible exceso de entusiasmo de los funcionarios que luego se volvió en contra de su credibilidad como comunicadores. No cabe duda.

Critica también el escriba que “violaron la veda electoral”, lo cual es cierto también. Sólo que es una práctica común y él sólo se refiere al canal estatal. TN hizo lo mismo esa tarde a las 18.01 y los canales de aire se refirieron con alusiones bastante directas al resultado. Antes,  todas las radios todas, violaron la etapa de reflexión de 48 horas previas al acto.

Son errores que se cometen porque los periodistas proceden como propagandistas de una postura -ideológica o pragmática- pero definida por la empresa para la cual trabajan.

Entonces, el tema de fondo es otro. Es la “objetividad en la transmisión de la información” a la que todos parecen haber renunciado hace tiempo y la “libertad” de expresión que tiene un periodista cuando no puede salir del corsé de la “política editorial de la empresa”.

De eso no habla la nota de Clarín.

La crítica que hace a continuación sobre programas enlatados es otra obviedad. “Los candidatos -dice en relación a las campañas- entregaban material enlatado, que -a veces- los periodistas llevaban a los noticieros para que lo transmitieran”.  Si, es verdad. Pero lo sabemos y no es nuevo. ¿Qué es lo que intenta comunicar este periodista? Lo que critica del oficialismo lo hacen todos los candidatos desde hace tiempo.

El autor del escrito no es un joven inexperto. Que toda presentación de un Presidente tiene una escenificación -crítica a la conferencia del lunes de Cristina Fernández- viene desde las primeras apariciones televisadas; y siempre ha sido motivo de discusión si hay libros o pinturas o cortinas como fondo -o nada-; el lugar de la bandera nacional -si hay bandera-;  el ángulo de la toma, etcétera.

La pregunta es: ¿quiso decir algo el periodista? ¿O sólo quiso instalar un título? Sabemos que los títulos son casi lo único que se lee de los diarios en los bares donde los prestan. Acaso también la crítica de la bajada del título. Porque en el cuerpo de la nota no dice nada que no sepamos o sea nuevo.

En lo único que coincidimos es en el remate final, una proeza de cierre: “El periodismo también tiene una responsabilidad en cierta devaluación de la comunicación política propiamente dicha”.

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