Las miserias del poder se revelan cuando se ejerce, no en abstracto y produce situaciones penosas. Pero cuando involucran a un grupo de tinterillos, testaferros o correveidiles alcanza niveles de obscenidad. Es el modo de existir de los pequeños.

Nos referimos a una amplia gama de actitudes que van desde el oficinista que debe poner un timbre o sello en un papel que se le presenta en un trámite cualquiera y ordena volver mañana porque “ya se está sobre la hora”. O por cualquier otra futileza.  Sólo debe tomar el sello que está sobre el mostrador, al lado de su mano y colocarlo sobre el papel: 4 o 5 segundos y un gesto psicomotriz  mínimo. Pero dice “vuelva mañana” o, peor porque es viernes, “vuelva el lunes”. Ese es su poder. Lo ejerce y en su pequeñez alcanza por un instante fugaz la ilusión de una existencia: la suya. El es el que timbra o sella el papel. “Ud. vuelva mañana”.

El equivalente en la jungla política es el que despotrica contra un funcionario procurando su “cabeza”, es decir, su destitución. “Voltearle un muñeco” al gobierno no es un deporte, es una práctica encarnizada que crea la ilusión de poder político. “Tuvieron que hacer cambios en el gabinete”, “le bajamos un ministro”, “cayó un secretario” son expresiones que denotan el mismo fondo de miseria humana que hay en el empleado que pudiendo hacer, niega para sentir que decide.

En la Argentina del desconcierto, la oposición al gobierno -un conjunto heterogéneo y gris que procede al unísono con los medios de comunicación- tiene entre ojos a algunos funcionarios. El favorito reciente -antes fueron otros- es Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior, a quien han agraviado, calumniado y degradado con saña. Un esfuerzo abrumador del cual algunas personas se han hecho eco, sin saber quién es  y qué hace ese funcionario. Porque, simplemente, siguen la corriente.

Guillermo Moreno es un funcionario, un hombre tenaz que ejerce su trabajo con eficacia. Las críticas que se le hacen van desde su poca simpatía hasta el descrédito de la Nación ante el mundo porque las cifras que miden la inflación siguen un criterio diferente al que utilizaron otros. Aquí cabe también la pregunta ¿quién se queja y de qué?

Se quejan los sectores políticos opositores, grupos económicos y una parte de los medios de comunicación. ¿De qué se quejan? De sus formas duras, toscas, poco amables con los poderosos.  No dicen que no transa ni acepta coimas, lo que para ellos  es una desconsideración sin lugar a dudas). La función de este hombre es el control de los precios de las empresas líderes y esto significa problemas para quienes pretenden la liberalidad de ganar lo que quieran. El fomento del mercado interno por parte del gobierno ha engolosinado a los comerciantes, quienes tratan de aumentar sus ganancias  más allá de lo razonable. Si lo hicieran, provocarían inflación y deterioro del poder adquisitivo de los salarios. GM es un antipático, sin duda, no tiene empatía con los neoliberales que sólo piensan en su renta.

Otros que no duermen por culpa del secretario de comercio son los que tienen bonos del Estado que ajustan por la inflación. Lo que ganan es la tasa más alta del mercado pero si la inflación fuera la que miden los privados, el Estado  tendría que pagar el doble. “Por la plata baila el mono” es un viejo y acertado dicho popular.

En estos días el gobierno ha invitado al diálogo a los sectores políticos y de la producción. El efecto inicial fue similar al que provoca un zorro en un gallinero;  pero,  acallado el griterío la mayoría  está acomodando las plumas para acudir a conversar. Muchos llevan en la agenda el pedido de destitución de Moreno, como si fuera una cruzada. Moreno no responde -en buena hora- y dialoga en forma permanente. Ayer hubo una manifestación de empresarios medianos y pequeños a favor de su continuidad en el cargo y muchos destacaron que hay “mesas” (espacios de diálogo) permanentes. “La mesa de la carne es fructífera” dijo Alberto Williams empresario del sector.

Es bueno que sepamos quien y qué critican. Es bueno no hacerse eco de las voces interesadas.

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