Hemos recibido muchas preguntas sobre la participación de los Estados Unidos en el golpe a la democracia en Honduras, el poder real del presidente Barack Obama y el interés de la gran potencia en ese país centroamericano. Las contestaremos en dos partes.

Sabemos que al término de la Segunda Guerra Mundial contra el nazismo y sus aliados, comenzó el enfrentamiento entre los aliados triunfantes, todos contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La designación de “fría” para esta verdadera guerra hace relación a que no hubo enfrentamientos directos, frontales, entre las superponencias, sino que se enfrentaron a través de otros actores. Como en una partida de ajedrez, los imperios movieron sus piezas en Corea (enfrentados el sur y el norte), en Vietnam (también norte contra sur) y en muchas escaramuzas menores, no sólo en Asia sino en Africa y América Latina. Los Estados Unidos se enfrentaron con pueblos débiles que recibieron el apoyo logístico de la URSS -no de tropas- y no pudieron ganar. Las derrotas militares de los norteamericanos han sido un trauma que se actualiza ahora en Irak, Afganistán y Pakistán.

Desde 1945 los EE.UU. han considerado al planeta como un teatro de operaciones militares, donde había que instalar bases y tropas fijas que pudieran actuar con rapidez en cada zona. Guantánamo en Cuba -subsistió a pesar del gobierno revolucionario de izquierda-, Puerto Rico, Filipinas, Hawai, Turquía, etcétera. 

El terreno que no resignó el gobierno con sede en Washington fue el Latinoamericano. Invadido y debilitado México y consolidada la alianza con Canadá, América del norte fue asegurada como barrera inmediata de protección.

En los años 50 los estadounidenses aseguraron también el control de Centro América, mientras que América del Sur quedó con mayor margen de acción, sometida a través de la acción de las embajadas yanquis en la región y, cuando fue necesario, a través de  “golpes de estado”.

Concentrándonos por hoy en América Central, Honduras fue elegida como base de operaciones por su ubicación geopolítica y porque su esquema de producción era dominado por dos grandes compañías norteamericanas -United Fruit Company y Standard Fruit Company-  y por una clase social que actuaba siguiendo fielmente los dictados políticos de Washington.

En 1954 el gobierno de Dwight Einsenhower instala fuerzas militares en una base permanente en Palmerota y allí siguen. Desde ese punto se ha actuado en esos años sobre el gobierno de Arbenz en Guatemala, después en El Salvador y más tarde contra la revolución sandinista en Nicaragua. Panamá fue siempre una factoría estadounidense y hasta hubo un civil que juró como presidente de facto en un cuartel norteamericano. Honduras fue  y es clave en este esquema de dominación militar.

La dominación se perfeccionó con los tratados de Libre Comercio en los años 90 y hubo apoyo hondureño a Irak. Por cierto el sometimiento económico ha creado una enorme brecha social, con un 70 por ciento de la población en condiciones de miseria e indigencia y una clase social vinculada al Imperio que gana con la corrupción y con los delitos.

Comenzado el siglo 21, en enero de 2006 gana las elecciones Manuel Zelaya Rosales, candidato del Partido Liberal. Ya en el gobierno, el hombre advierte la desigualdad social y promueve acciones para paliarla a la par que busca apoyo económico en Venezuela, para financiar sus necesidades de petróleo a precios amigables. La ayuda de Estados Unidos va, en su mayoría, a los gastos militares. (Continuará en Honduras y EE.UU. II).

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