Archivo de agosto de 2009
En una integración no hegemónica como la que pretende constituir la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) las dificultades son importantes. Desde luego el requisito sin el cual no es posible empezar a hablar es la voluntad de unión, lo que en el derecho privado se denomina “animus societatis”, el ánimo de constituir una sociedad.
A partir de esa base común hay que contar conque los niveles de desarrollo económico, social y político serán diferentes, como lo serán las prioridades de cada Estado en materias tan sensibles como la alimentación, la salud, la educación, el empleo, la distribución de la riqueza, el acceso a la vivienda, la pacificación de sus territorios, las posibilidades y la áreas con las que empieza ese desarrollo.
Los mismos principios constitutivos de un Estado, como el de territorialidad, son obstáculos a la hora de componer un ámbito mayor. La soberanía de un Estado -la posibilidad de decidir sin dar cuenta a otros dentro de su territorio- es una de las concepciones más conflictivas cuando hay que tener en cuenta el interés de los socios con los que se está intentando confluir. Ocurre con frecuencia que se plantean disyuntivas de hierro entre el propio interés y el interés común en una coyuntura.
El principio de territorialidad fue -durante siglos- la principal dificultad para contar con tribunales internacionales cuando se trataba de juzgar a criminales fuera de su país de origen. Sin embargo, se ha logrado constituirlos a partir de la aceptación que el individuo es sujeto de derecho internacional en una determinada franja de delitos (los de lesa humanidad, por ejemplo) y el acuerdo común para la normativa de funcionamiento de dichos Tribunales. Todo eso, a través de un acuerdo marco, el Estatuto de Roma, que entró en validez cuando fue ratificado por todos los Estados. Es el caso, por ejemplo, del Tribunal Penal Internacional y de otros tribunales permanentes.
En la reunión de la UNASUR en Bariloche, que tuvo lugar el viernes 28, el tema problema era de ese tipo: la decisión soberana de Colombia que quería aumentar considerablemente el número de tropas norteamericanas en bases instaladas en su territorio -por un lado- y la amenaza que significan esas tropas para terceros países. Es sabido que los EE.UU. son la primera potencia militar del mundo actual y que tienen pretensiones hegemónicas sobre el planeta entero. Con toda justicia entonces muchos países sentían que Colombia colgaba una espada sobre sus cabezas (ver Blog día 25 “Fuera de Latinoamérica…”).
La discusión de los presidente -televisada y seguida con interés por el público al menos en Argentina- no era la primera ni ponía en juego la existencia de la unión. Hay muchas cosas que cambiaron en nuestra América desde la Constitución del MERCOSUR, El ALBA y la UNASUR. Principalmente la autonomía consolidada en la mayoría de los países respecto de las decisiones del belicista “hermano mayor”. Recordemos que hasta hace unos años, los EE.UU participaban en cualquier cumbre celebrada en el continente como “invitados” permanentes. El papel decisivo de la UNASUR ante el inminente cisma de una parte de Bolivia fue otro logro donde se enfrentó la voluntad de Washington proclive a la destitución del presidente Evo Morales. En esta ocasión se enfrentaba un tema delicado pero no definitorio.
Para muchos analistas la declaración de Bariloche firmada por todos los presidentes pone pautas de comportamiento que no se podrán eludir por presión de EE.UU. de Norteamérica.
Bariloche ha puesto en funcionamiento efectivo al Comité de Defensa de UNASUR, que tiene la facultad de inspeccionar periódicamente las Bases militares de Colombia y controlar las fronteras para evitar incursiones que pongan en peligro la soberanía de otros Estados. Por otra parte, se le ha dado crédito a las declaraciones del presidente de Colombia -principal socio en la región de los EE.UU.- lo que no significa que se crea al pie de la letra que su gobierno es angelical y que las FFAA yanquis vienen sólo a ayudar a combatir el narcotráfico.
Hubo muestras de buena voluntad hacia Colombia más por respeto a su pueblo que a su gobierno pero también un guiño de comprensión hacia Uribe, que quiere pacificar su territorio convulsionado por la guerrilla, el narcotráfico y fuerzas irregulares de derecha y que también es consciente de que el destino de su país está más ligado a Suramérica que a la potencia del norte.
Lo más importante -en esto hay coincidencias plenas- es que los hechos demuestran que Suramérica se quiere integrar como región para lanzarla al mundo con la fuerza de la Paz.
El Partido Humanista de Argentina ha dado a conocer su apoyo a la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) que se reunirá hoy en la ciudad de Bariloche, Río Negro, Argentina, y su respaldo al gobierno nacional en sus gestiones para garantizar la paz en la región. Este es el texto:
Hoy viernes 28, el PH estará en la ciudad de Bariloche en el plenario de partidos y organizaciones populares que manifestará su apoyo a la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas). Esta se reúne en esa ciudad para debatir la grave amenaza que representan las nuevas bases militares de EE.UU. en Colombia y el golpe de estado en Honduras. Guillermo Sullings, vocero de la Marcha Mundial por la Paz y la No-violencia, hablará en ese plenario.
Luis Ammann, miembro del Consejo Nacional del PH, señaló:
“Las bases son señales desde el Pentágono en consonancia con la diplomacia del Departamento de Estado, que procura desestabilizar a todos los gobiernos progresistas de la región.”
“Rechazar las bases como un modo de oponerse a la política imperialista y sostener a los gobiernos progresistas es parte de una dirección política correcta para seguir existiendo como naciones. Fortalecer la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y el ALBA debe ser la prioridad para todos los sectores populares. Contrariamente, lo que debilite a nuestros gobiernos será darle armas al enemigo. Por todo eso, los humanistas rechazamos la instalación de bases en Colombia y exigimos el retiro de las tropas yanquis de América Latina.”
El plenario de partidos y organizaciones está convocado por la Mesa Argentina del Foro de Sao Paulo (que el PH integra) y tratará estos puntos:
1) Apoyo a la consolidación y profundización del proceso de integración de UNASUR.
2) Rechazar la instalación de las bases de EE.UU. en Colombia, ya que constituyen una amenaza a la paz en la región.
3) Solicitar que UNASUR exija nuevamente, la restitución del Presidente Hondureño José Manuel Zelaya sin condiciones.
Firma el CONSEJO NACIONAL/ Secretaría de Prensa
www.partidohumanista.deargentina.org
En América Latina la primera fue la República de Cuba; luego lo hizo Venezuela; a continuación Bolivia y ahora, Nicaragua. En todos los casos fue con el método cubano de alfabetización “Yo, si puedo” y con ayuda logística de Venezuela.
El Gobierno de Nicaragua, presidido por Daniel Ortega, realizó el sábado 22 un acto en el que se declaró al país “libre de analfabetismo”, un flagelo que quedó atrás luego de dos años de trabajo.
Miguel de Castilla, Ministro de educación, entregó un certificado al presidente que constata que el país llegó a un índice del 3,56% de población analfabeta. El logro fue corroborado también por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), con la colaboración de otros seis organismos internacionales.
La “Campaña de alfabetización de Martí a Fidel” que partió con un 19 % de analfabetos contó con el apoyo de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), en particular de Venezuela y Cuba.
A su vez, el ministro señaló que su objetivo es “no sólo llegar al 3 por ciento de analfabetismo, lo que sería un récord en América Latina, sino terminar” con este problema.
Historiando el proceso de la educación en Nicaragua, el Presidente Daniel Ortega dijo: “En 1979, cuando triunfa la revolución, nos encontramos con el 53 por ciento de analfabetismo, que si agregamos al que solamente podía escribir su nombre se acercaba al 60 por ciento al momento de ser derrotada la dictadura somocista”.
La revolución que protagonizó el Frente Nacional Sandinista -en su primera etapa- pudo reducir las cifras a sólo un 10,5. Pero luego vinieron los gobiernos neoliberales, la educación se privatizó y Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños subieron nuevamente las cifras de analfabetos.
Como ya es sabido, mantener al pueblo en la ignorancia es un modo de dominarlo y de expresar en hechos la decisión de que haya seres humanos a quienes se asigna el rol de mano de obra barata. Es la concepción del capitalismo salvaje que se impuso en América Latina en la década del 90 y que amenaza volver en algunos países (ya pasó en Panamá).
Una nota destacable es que gran parte del mérito en esta cruzada por la educación se lo apuntaron las Fuerzas Armadas de Nicaragua y la Policía Nacional que transportaron más de 200 toneladas de material didáctico, miles de pupitres, aulas desmontables, brindaron seguridad en áreas difíciles y, por cierto, alfabetizaron al cien por ciento de su personal.
El presidente Ortega anticipó que Nicaragua buscará nuevas metas en educación. Ahora procurarán animar a los adultos alfabetizados a terminar su educación primaria. Es lo que se propone la Campaña Nacional de Alfabetización cuyo objetivo es que todos alcancen el nivel de sexto grado en el año 2015.
La ciudad de Buenos Aires, capital federal de la Argentina, tiene jerarquía de provincia aunque su extensión abarque sólo la ciudad. Cuenta con una Constitución (1996) que sirve de marco legal general, autoridades ejecutivas -el Jefe de gobierno o gobernador y el Vice Jefe de gobierno o vicegobernador-; un cuerpo legislativo unicameral y jueces con competencia local. La Constitución ordena la descentralización de la administración en comunas pero los gobiernos de distinto signo político que se han sucedido desde 1996 no lo han hecho y nadie lo demanda con suficiente fuerza.
Las comunas y la policía son las grandes deudas institucionales del gobierno de la ciudad.
A la hora de explicar por qué no se ha implementado aún esta división administrativa con patrimonio y autonomía presupuestaria, no hay explicaciones valederas. Muchos vecinos estiman que se debe a la corrupción estructural que siempre -al punto de parecer “natural”- estuvo presente. Desde luego, para los manejos corruptos la descentralización y el control de los vecinos en las comunas sobre todos los servicios es un inconveniente serio: se acabarían los “grandes negocios” donde todos se llevan una parte.
En cuanto a la creación de un cuerpo de policía, se trata de un ente autónomo de la actual Policía Federal, que coexiste con las fuerzas provinciales en todo el país. Esta fuerza metropolitana está a punto entrar en funciones con un número de efectivos que se irá acrecentando con el tiempo. Será responsable de “preservar la seguridad de personas y bienes, prevenir el delito, así como asegurar la plena vigencia de los derechos y garantías constitucionales”.
Para comandarla el gobierno de derecha de Mauricio Macri había elegido a Jorge “El Fino” Palacios”, un hombre con antecedentes dudosos. De comienzo, es un ex comisario de la policía Federal, está investigado en la causa AMIA (ataque a una Mutual Judía que dejó 86 muertos), por la represión en Plaza de Mayo el 20 de diciembre de 2001 (en ocasión de la renuncia del presidente De la Rúa) y por el secuestro y asesinato de Axel Blumberg (un sonado caso policial).
Obligado por la presión pública -se juntaron decenas de miles de firmas y fue público el repudio de la AMIA y de organizaciones de Derechos Humanos y partidos políticos- Palacios renunció antes de asumir por “razones personales”. Sin embargo, el fiscal Alberto Nisman, quien lo investiga, dijo que es probable que sea procesado en poco tiempo más.
El Jefe de Gobierno comunicó la renuncia de Palacios el martes en una conferencia de Prensa, acompañado por el ministro de seguridad, Guillermo Montenegro; el secretario de Gobierno, Marcos Peña y varios legisladores del partido PRO.
Para “no dar el brazo a torcer” -ya se lo han torcido- Mauricio Macri ratificó su convencimiento acerca de las cualidades personales y profesionales del renunciante y recalcó que su gobierno “seguirá combatiendo la inseguridad”. De la corrupción y de una medida estructural para combatirla, que es la división territorial en comunas, no dijo una palabra. De su metida de pata con el nombramiento y la marcha atrás, tampoco.
Los humanistas abogamos porque la designación del nuevo Jefe de la Policía metropolitana pase por la Legislatura porteña.
Honduras enseña que los procesos democráticos latinoamericanos no han cambiado la vieja relación de fuerzas: Estados Unidos sigue intentando ser un imperio, por la vía militar -su real y único poder-; los terratenientes; las aristocracias locales vinculadas a empresas multinacionales y los capitalistas “narcos” o de cualquier otro tráfico son tan conservadores como lo han sido. Nadie quiere renunciar a sus privilegios. Las democracias son “de baja intensidad” y las fuerzas populares que pueden producir un cambio están en una etapa inicial.
Es el caso de Bolivia y es el caso de Venezuela donde hubo golpes de Estado, intentos de golpe y de atentados contra sus presidentes. Es Guatemala donde fabricaron un video contra el presidente y se esperan otras aberraciones; es el invento de la fábrica de niños que se le atribuye al presidente de Paraguay. Es Ecuador donde ya está comenzando una ofensiva de prensa, similar a la que se desarrolla en los otros países mencionados. Cuando Washington advierte que se intenta profundizar en las “democracias de baja intensidad” aparecen campañas mediáticas de desestabilización en los grandes “medios”. Mientras tanto, el secretario de defensa y el Pentágono siguen desperdigando bases militares en todo el mundo, una política paralela que sigue un curso ya trazado del cual no se mueven.
Lo único que ha cambiado es el discurso político, la construcción de una realidad verbal por encima de la fáctica. Avalan o incluso provocan golpes de estado pero no es lo que dicen.
Las fuerzas reaccionarias, si bien estos últimos años no han tenido todo el protagonismo de décadas atrás, siguen estando y no han retrocedido un milímetro en sus apetencias y malos hábitos.
En Honduras ya es seguro -lo confirmaremos con toda certeza dentro de unos 20 años en algún documental estadounidense- que los golpistas prepararon el quiebre institucional en la embajada gringa en Tegucigalpa, llevaron secuestrado al presidente Zelaya a la base militar de Soto Cano en Palmerota y de allí lo condujeron a Costa Rica (ver notas anteriores). El golpe de estado no forma parte del lenguaje político actual pero los hechos siguen produciéndose y los pueblos no tienen capacidad de respuesta porque no hay conciencia política suficiente.
No todo es el interés de los EE.UU. La situación particular del país tiene mucho que ver en este golpe: las clases altas son casi analfabetas y están mentalizadas para llamar “comunista” a cualquier cambio de situación que les quite privilegios, o ventajas económicas, o aumente su contribución impositiva al Estado. La derecha sigue siendo tan antidemocrática, clasista e injusta como a comienzos del siglo pasado. Por lo tanto, tan represora como antes.
El pueblo dedicado a luchar por la subsistencia, le había vuelto la espalda a los políticos (votó el 50% en las últimas elecciones) hasta que Manuel Zelaya les devolvió la esperanza con cambios tibios pero en la dirección correcta. No alcanzó, sin embargo, para lograr un alto grado de conciencia y, paradójicamente, los hondureños han madurado más en estos 56 días que en tres años y medio. Un efecto indeseado de la dictadura.
Lo anterior, que parece deprimente, es sólo para tener claro el punto real de partida. Honduras está bajo una dictadura golpista y los Estados Unidos tienen tropas militares dentro del país. Como ha escrito Eva Golginder en Rebelión, “la base militar de Palmerota está en el centro del golpe”. El Imperio fallido sigue maniobrando.
Tenemos una confianza creciente en el pueblo de Honduras y -lo más importante- el pueblo está alcanzando la fe en sí mismo. Esto es lo diferente.
Los Estados Unidos de (Norte) América intentan constituirse en un Imperio Global desde fines de la Segunda Guerra Mundial. Las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki, innecesarias desde el punto de vista militar y absolutamente reprobables desde una consideración humana, tuvieron como objetivo mostrar quién dominaría el mundo a partir de entonces. Ese intento -frenado durante 50 años por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)- tuvo su punto de culminación -una vez desaparecida ésta- con la “globalización” financiera y de las comunicaciones en una escala nunca alcanzada antes. Sin embargo, la consolidación de la Unión Europea, el rápido crecimiento de China, la recuperación económica de Rusia, el avance de India y de Brasil -que encabeza un incipiente bloque sudamericano- dio por tierra con su intento de constituirse en el primer Imperio Mundial único o Global.
Hoy el predominio de los Estados Unidos está cuestionado y se asienta sólo en su poderío militar. La economía está en crisis desde hace varios años y las últimas guerras -Irak/Kuwait, Afganistán, nuevamente Irak- han tenido como motivo principal apropiarse del petróleo mundial o bien, controlar el flujo de hidrocarburos de otros países, como los oleoductos que unen Asia con Europa.
Los países con los que se encuentra en disputa y con los que intercambia amenazas son también petroleros: Ecuador, Irán, Venezuela y busca el control de los hidrocarburos estatales mexicanos mediante la exigencia de privatización.
Otro objetivo en materia de manejo o apropiación de recursos estratégicos es el agua dulce y ya tiene presencia en varios de ellos. La cuenca del Amazonas (Perú-Brasil), el Acuífero Guaraní (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), los hielos continentales argentinos son algunos ejemplos de sitios estratégicos sobre los cuales hay amenazas militares norteamericanas.
La mayoría de los enclaves están consolidados en Centro América. La base aérea Soto Cano, en Palmerola, Honduras, instalada en 1954 como parte de la ofensiva contra Jacobo Arbenz en Guatemala y en torno a la cual se prepararon los “contras” que incursionaban en Nicaragua o los mercenarios que invadieron El Salvador, es el real motivo del derrocamiento de Manuel Zelaya.
La presencia militar en Haití le permite contar a los EE.UU. con tropas y armas listas para intervenir en Cuba, a pocos kilómetros al noroeste y sobre Venezuela, a corta distancia hacia el sureste. La IV Flota, reactivada para patrullar toda la zona marítima del Comando Sur completa el cuadro y explica los enojos y diatribas del presidente venezolano Hugo Chávez contra Washington. Esa flota tiene como área de operaciones el Mar Caribe y todas las costas sudamericanas de los océanos Atlántico y Pacífico, además de los ríos, es decir “aguas internas” de Sudámerica. No olvidemos las bases de la OTAN en el Atlántico Sur, ubicadas en las Islas Malvinas y en Ascensión.
Las tropas instaladas en Perú, donde también reposta la IV Flota y las instaladas en Colombia, que ahora aumentan a siete, tendrán el objetivo de amenazar a Brasil con el pretexto de proteger al Amazonas como “pulmón verde del planeta”, apoyar a la contra en Bolivia y controlar el acuífero Guaraní que originariamente se pensaba hacer desde las instalaciones en Paraguay, paralizadas por el Presidente Fernando Lugo, pero donde existe la más grande pista de aterrizaje en Sudamérica, en Mariscal Estigarribia, construida por las FF.AA. de EE.UU.
Las bases son señales desde el Pentágono en consonancia con la diplomacia del Departamento de Estado, que procura desestabilizar a todos los gobiernos progresistas de la región.
Frente a ese panorama ¿qué hacer? Rechazar las bases como un modo de oponerse a la política imperialista y sostener a los gobiernos es parte de una dirección política correcta para seguir existiendo como naciones. Fortalecer la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y el ALBA debe ser la prioridad para todos los sectores populares. Contrariamente, lo que debilite a nuestros gobiernos será darle armas al enemigo. Por todo eso, los humanistas rechazamos la instalación de bases en Colombia y exigimos el retiro de las tropas yanquis de América Latina.




