Margaret Thatcher se opuso siempre a la unificación de Alemania. Francois Mitterrand, que tenía las mismas razones, hizo prevalecer sus sentimientos humanitarios. Ambos veían con claridad que el país que derrotaron en 1945 volvería a ser la gran potencia de Europa.
Global Viewpariet distribuyó la trascripción de la conversación entre Thatcher, Mitterrand, Mijail Gorbachev y George Bush padre y se ha divulgado por diversos medios, entre otros un documental de la BBC de Londres.
Producida la apertura de las fronteras y ante la inminencia de la unificación de las dos alemanias, lo que dijo Thatcher literalmente fue: “La unificación… la convertiría en el país dominante de la Comunidad Europea. Son poderosos y son eficientes. Tendremos una Europa alemana”.
Mitterrand, a su vez, después de haber acordado dijo: “era más conveniente (para Francia) tener una Alemania dividida. Pero nadie podía hacer nada”.
George Bush padre ante la posibilidad de que se deplomara la alemania oriental sembró dudas entre los interlocutores sobre la posibilidad de que fuera real la declaración de Gorbachev de no intervenir en Alemania del este. A su juicio no había elementos para creer en su palabra y la historia reciente avalaba la teoría de que continuarían las intervenciones militares soviéticas.
El papel de la dirigencia de la URSS fue decisivo (ver “Berlín, por sobre el hombro de la coyuntura”). La Perestroika llevó a la política real los principios de igualdad entre los estados miembros de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y de no intervención. “Ustedes tienen su propia decisión, nosotros no intervendremos unilateralmente” le aseguró Gorbachev a Egon Krenz, presidente del Consejo de Estado de la República Democrática Alemana ( RDA o DDR, en alemán). Y cumplió.
La visión de la dirigencia de la República federal Alemana(RFA) es aún más interesante. “Puedo contar con los dedos de la mano -¡y me sobran dedos!- cuántos dirigentes me llamaron esa noche para apoyarnos”, dijo Helmunt Kohl, entonces canciller de Alemania al presidente español Felipe González. Repitió varias veces esas palabras en los siguientes años -una década- durante los cuales condujo el proceso de unificación de Alemania.
Una reflexión dirigida a quienes aseguran que la historia funciona sólo con “tracción a sangre”. Hay que quitar “sólo”. Es cierto que la mayoría de las veces los cambios significan violencia y derramamiento de sangre pero hay muchos hechos incruentos que cambian la historia. El derrumbe del muro y –mucho más importante- la fragmentación de la URSS son ejemplos de ello. Pero atención; el muro físico no se cayó con palabras sino con picos y golpes de masa.
