Archivo de abril de 2010

Gran parte de nuestros amigos son cinéfilos y piden información sobre los distintos festivales. Hay uno, tal vez por ser el menos conocido en Latinoamérica sobre el que han llovido pedidos de información. Acaba de comenzar y ofrece indudables  características propias, como que es en  África y nada menos que en un campamento de refugiados. Nos referimos a la VII edición del Festival Internacional de Cine del Sahara (FiSahara). 

Desdichadamente, hay muchas personas que ignoran lo que sucede en África en general y en las antiguas colonias españolas en particular. Por eso, es saludable recordar que el pueblo saharaui está en lucha desde 1965 para recuperar su territorio nacional -el Sahara Occidental- y ejercer plenamente su existencia jurídico política como República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Al retirarse España en 1976 Marruecos se apropió -la Marcha Verde- del área asignada al pueblo saharaui y sus habitantes fueron expulsados hacia el desierto argelino, creando los campamentos en los que siguen viviendo.

Los documentos históricos disponibles -fehacientes- registran que “la guerra entre el Frente Polisario, legítimo representante del pueblo saharaui, y el Reino de Marruecos alcanzó un alto al fuego en 1991”, con la decisión de celebrar un referéndum de autodeterminación en el que el pueblo saharaui pudiera elegir libremente su destino. Pero esta decisión, avalada internacionalmente ha sido permanentemente bloqueada por Marruecos.

El apoyo de la comunidad internacional, a través de diversas resoluciones de la ONU y del Tribunal Internacional de La Haya ha sido total pero se ha ido diluyendo. Es la práctica  de los hechos consumados que se coloca por encima del derecho y la justicia.

El Festival de Cine del Sahara (FiSahara) nació hace 7 años y lo hizo con vocación de desaparecer, puesto que su fin último es contribuir a resolver la dramática situación que viven los más de 200 mil refugiados del Sahara Occidental que soportan escasez de agua, luz eléctrica y alimentos en condiciones climáticas espaciales. “Para ello, FiSahara, dentro del proyecto Cine por el Pueblo Saharaui, aporta su granito de arena, acercando a la opinión pública internacional la realidad diaria de este pueblo”, apuntan los organizadores.

FiSahara es una muestra de cine no competitiva, que funde educación, cultura y ocio bajo la forma de un cine sin techo con proyecciones al aire libre en 35 mm. Fruto del esfuerzo voluntario de muchas personas y con el soporte de varias instituciones como la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), el Ministerio español de Cultura a través del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) o Autores Intérpretes Sociedad de Gestión (AISGE) así como de la inestimable colaboración del Ministerio de Cultura de la RASD y el propio pueblo saharaui, es posible desarrollar el festival en las duras condiciones propias de un campo de refugiados.

Esta edición del festival se está celebrando desde el 26 de abril al 2 de mayo período en el que se proyectarán más de 30 películas y cortometrajes y se impartirá una docena de talleres. El escenario es, por cuarto año consecutivo, el campamento de refugiados saharauis de Dajla, el más alejado de la ciudad argelina de Tinduf.

El dossier de prensa informa que “al finalizar el festival, un jurado popular entregará como premio a la mejor película la réplica de una Camella Blanca simbolizando el reconocimiento del pueblo saharaui. La Rosa del Desierto será otorgada como mención especial”. Seguiremos informando.

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“La Dictadura militar instaurada en la Argentina el 24 de marzo de 1976, como parte de una estrategia global para América Latina, implementó un régimen represivo que por su naturaleza, dimensión y modalidades no tiene precedentes en la historia nacional. Sin embargo, no fue una irrupción intempestiva. La cultura política argentina reconoce tradiciones y prácticas autoritarias y represivas en la permanente alternancia de dictaduras militares y democracias restringidas durante gran parte del siglo XX. El régimen implementado entre 1976 y 1983 no fue algo ajeno a la sociedad argentina, sino parte de su trama”. El planteamiento es parte del documento fundacional del Instituto Espacio para la Memoria

Los hechos que angustian a una sociedad pueden negarse o integrarse por sus protagonistas pero no serán útiles a un  conjunto que pretende madurar colectivamente si se ocultan o minimizan. De estas actitudes nacen  los sectores pasivos inundados de indiferencia, que suelen ser el puente para la repetición de errores. Esa pasividad e indiferencia “ante los crímenes del Terrorismo de Estado se reiteran hoy frente a la pobreza y la exclusión de millones de compatriotas”, leemos en el  documento.

Consecuentes con sus objetivos, el Instituto invita a la sociedad a informarse -es el caso de las nuevas generaciones- para “abordar las cuestiones que habilitarán los primeros relatos de nuestro pasado reciente y los interrogantes planteados por ellos”. Un modo de hacerlo es asistir a los juicios públicos donde se juzgan los crímenes de lesa humanidad cometidos en Argentina por la dictadura militar.

La organización informa que las audiencias son públicas y abiertas y todos pueden concurrir a presenciarlas.

Para acreditarse hay que dirigirse a la Mesa de Entradas del tribunal oral federal nº 4 ubicada en el 6 piso de los tribunales de la calle Comodoro Py, número 2002 (Retiro), donde se informará la sala y horario de la audiencia.

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Los Derechos Humanos tal como los entendemos los humanistas -es decir, en su totalidad y plenitud- no están vigentes en ningún país del mundo. Hay países que se aproximan más que otros al ideal del humanismo pero la mayoría están lejos. Sin embargo, hábiles campañas publicitarias sostenidas sin réplica durante mucho tiempo han consagrado a alguno como el pretendido campeón mundial del tema. Es el caso de los Estados Unidos, imagen impuesta durante la Guerra Fría -prolongación de  la segunda guerra mundial- hasta  finales del siglo 20.

La contrapartida, producto de la misma campaña, fue para la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que quedó consagrada como sinónimo de violación o desconocimiento de los derechos Humanos. Sobre la base de verdad -hechos comprobados- de la oprobiosa metodología del ex seminarista  Joseph Stalin, victimario tanto de la oposición real como imaginaria se trasladó ese estigma a todos los gobiernos socialistas.

Ese esquema de una izquierda  que subordina los derechos humanos a las necesidades del Estado, perdura hasta hoy y persigue a los comunistas actuales. No importa que hayan condenado al estalinismo o que hayan realizado congresos donde han fijado políticas de revolución en paz y en democracia, o renuncias expresas a la metodología de la violencia o juramentos de respeto a la ley; a pesar de eso, muchos ciudadanos trabajados por los medios de comunicación siguen pensando que un “rojo” -por el color de la bandera partidaria- es una especie de ogro “come niños”.

Es hora de revisar esquemas. Desaparecida la URSS los ojos de muchos politicólogos, analistas y opinadotes, se han vuelto hacia los Estado Unidos de Norteamérica y observan atentamente su desempeño. En parte, el hecho de que criticar a los gobiernos de esa potencia militar no significa ya el mote automático de “comunista” ha alentado a profesores universitarios de ese país y, más tímidamente a europeos, a buscar la verdad debajo de la propaganda.

Como los Estados Unidos siguen demonizando a Cuba con el estigma de los Derechos Humanos -conocemos gente que aun consume los contenidos yanquis sobre el tema-  hagamos un ejercicio rápido de comparación entre ambos países.

En salud, educación y seguridad para todos los ciudadanos, los cubanos van a la cabeza en el mundo; en mortalidad infantil sus porcentajes están entre los más bajos; en cantidad de pobres y desprotegidos, en Cuba no hay mendigos y son muy pocos los que se podrían considerar pobres; en solidaridad internacional (médicos, maestros, asesores industriales, militares, etc) a países que lo reclaman aunque no haya catástrofes naturales, Cuba está presente en dónde lo llaman: Estados Unidos -cuyo valor central es el dinero- presta fondos a los países arrasados -caso Haití- para después fijarle políticas que le reditúen económicamente; en materia de libertades en Estados Unidos hay escuchas telefónicas, la CIA controla Internet  y las garantías individuales están suspendidas desde el 11 de Septiembre de 2001; en Cuba se denuncian 75 presos políticos. Algunos son presos comunes que buscan beneficios y otros lo son en un contexto de guerra permanente no declarada con EEUU. Cuba ha sido invadida -recordemos Playa Girón- saboteada, atacados sus cultivos de azúcar con elementos químicos, se ha intentado matar a  Fidel Castro mientras fue presidente  muchas veces -si no quieren creer que fueron 600, digamos muchas- y todo eso no ha sido respondido por Cuba. Eso si, en la isla hay un alerta permanente con las Organizaciones NO Gubernamentales (ONGs) que se introducen desde EEUU para crear problemas internos al gobierno cubano. Es una guerra, insistimos, pero unilateral.

Lo mismo sucede si comparamos números de detenidos por razones políticas en un país o en otro. El número de gente detenida en Guantánamo por el gobierno de Bush y que Obama mantiene en condiciones inhumanas- es largamente superior a los 75 que se mencionan en Cuba. Estados Unidos mantiene en la cárcel, condenados a penas que van de 10 a 30  años, a cinco cubanos acusados de espionaje.

Entonces, ¿hasta cuándo vamos a seguir pensando que se defiende a Cuba pero Cuba debiera mejorar su política de Derechos Humanos? Volvamos a leer todo de nuevo por favor. Si hay un país que no respeta esos derechos es, precisamente, el que ataca a Cuba.

Volveremos sobre el tema porque estamos empeñados en que se sepa la verdad y se abandonen los esquemas. Hay un  punto que rechazamos los humanistas y eso está tanto en Cuba como en Estados Unidos: es la pena de muerte. Una crueldad ineficaz y lo decimos con todas las letras.
 

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El domingo 25 a la noche la cadena CNN en español pasó un breve comentario sobre las elecciones municipales en Cuba ilustrado con imágenes de la gente votando en urnas colocadas sobre una mesa, similares a otras que hemos visto en otras partes del mundo. Comentamos: “alguien debió equivocarse: en Cuba no hay elecciones”. Fue una broma y una alegría al ver que finalmente se descorre un poco el velo sobre las cosas normales que pasan en Cuba, pero no duró mucho. Al repetirse el bloque, la noticia se anunció en los títulos pero no se brindó: ni las imágenes ni el comentario en off del locutor.

Hoy la noticia de las elecciones está en Página 12: “cerca de 8 millones de ciudadanos se acercaron a las urnas para elegir a más de 15 mil delegados municipales en la isla”. pero no la vimos en Clarín. Sin embargo, alguien debió descuidarse en este medio porque  en una nota sobre otro tema -el bloqueo norteamericano- leemos “el presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón, reclamó ayer al gobierno de los Estados Unidos que levante el embargo económico a la isla, aunque sea por un año”. Lo que concierne a esta nota es lo que sigue: Alarcón…”habló con la prensa  tras votar para las elecciones en un colegio electoral en La Habana” (sic). Bravo Clarín! Entonces, ¡hubo elecciones en Cuba! ¡Hubo Prensa ante la cual hacer declaraciones!

La pregunta, entonces, es ¿por qué no informan los medios sobre un hecho normal pero que se nimba de enorme importancia cuando se lo niega?  Hace poco leímos con profunda vergüenza ajena que un abogado -se llama a sí mismo “jurista”- escribía en alguna lista que integro: “estos tipos -se refería a los cubanos- no han hecho elecciones en 50 años”. No contestamos, claro.

Buscando con buena voluntad las causas de las afirmaciones sin fundamento que se machacan insistentemente como verdades, aparece nítida la influencia de los llamados “medios de comunicación”. La población habla de “política” repitiendo lo que lee en los periódicos, escucha en las radios o escucha y ve en la televisión.

Nadie pretende que sobre política opinen los que tienen estudios universitarios sobre la materia -no sería garantía tampoco- ni siquiera que los ciudadanos se preocupen de escuchar a los sectores enfrentados -“las dos campanas”-  antes de formar una opinión. En rigor, el problema no es de la gente sino que lo han creado los medios direccionados por intereses económicos. Por lo tanto, es responsabilidad de quienes tenemos un concepto diferente del valor de la información para generar opinión pública el brindarla con amplitud y de modo accesible a la par que señalamos las fuentes confiables donde buscar.

Afortunadamente, los medios electrónicos están permitiendo ahora contar con una prensa alternativa que diversifica el espectro de opiniones, enfoques y puntos de vista, permite contrastar unos medios con otros y también descartar la opinión sobre información, de la información sin opinión -aunque esta también puede ser manipulada por el recorte que se hace sobre la realidad a informar.

Por cierto, aquellos que se han formado una opinión y no están dispuestos a cambiarla no necesitan cuestionar nada, ni escuchar otras voces y menos aún comprobar si algo cambió respecto de la educación que les diera una dictadura o algún tipo de dogma civil. El que cree que sabe ya no podrá aprender.

Con Cuba ocurre eso. Escribimos hace unos días que había comenzado una nueva campaña mediática contra Cuba, llevada a cabo por los medios norteamericanos y sus filiales europeas. En rigor, hace cincuenta años que los Estados Unidos están en campaña contra Cuba, pero esta vez, hay más voces verdaderamente independientes alertando sobre la falsedad de la información que ellos difunden

Mañana seguiremos con el tema de las elecciones en la democracia participativa de Cuba, donde los candidatos no dependen de la publicidad paga en los medios para hacerse conocer y difundir sus propuestas -como en Argentina- y donde se vota a personas y no a partidos. Otra forma de democracia.

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La agencia Pressenza difundió hoy una invitación amplia y abierta de “La Comunidad” a lo que llaman una “Mateada por la defensa de la salud pública”.

Con la idea fuerza de que “Privatizar la salud es violencia”,  La Comunidad para el desarrollo humano convoca a un encuentro para hoy  -domingo 25 de abril- que tendrá lugar en la entrada del Hospital Oncológico Marie Curie, en Parque Centenario de la ciudad de Buenos Aires.

La mateada -forma social rioplatenmse de intercambiar ideas-  reunirá a miembros de  diversas organizaciones sociales para hacer frente al vaciamiento de la salud pública, la falta de insumos, la falta de pago a los trabajadores, entre otros inconvenientes generados como consecuencias de las políticas del gobierno de la ciudad encabezado por Mauricio Macri.

El Partido Humanista participará de la reunión.

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Hemos escrito antes de ahora que la memoria es la función del psiquismo que retiene las percepciones y almacena la información que los sentidos proporcionan. También hemos citado a Agustín cuando afirmaba que la memoria y “el alma” -entendida como Ser- eran lo mismo “pues el alma recuerda en la medida en que es”. Más allá de la poesía, se puede considerar al ser humano como “el ser que tiene memoria”, “que conserva su pasado y lo actualiza…que tiene historia y tradición”. En esa fuente abreva la conciencia para cotejar y decidir lo que está bien y lo que está mal. Por eso hay que retener aún aquello que nos duele. Para reconocer cuando amenaza con volver, para que no vuelva a pasar.

En esos criterios y en la búsqueda de Justicia se basa la decisión de recordar cada 24 de abril la masacre del pueblo armenio en 1915 durante el Imperio Turco Otomano. Fue un genocidio y se prolongó hasta 1923, varios años después de terminar la primera guerra mundial, provocando el ostracismo de los sobrevivientes a diversos estados del mundo, entre ellos a la Argentina.

“Acogidos por el pueblo argentino, los armenios desterrados hallaron refugio, solidaridad y una tierra donde desarrollar su cultura y tradiciones” se lee en una “solicitada” publicada ayer por la Comisión Interinstitucional Armenia.

A  partir de 1985 nuestro país “instrumentó e intensificó las medidas ante la Organización de Naciones Unidas para el reconocimiento internacional del genocidio cometido contra el pueblo armenio. En enero de 2007, el presidente Néstor Kirchner promulgó la ley 26199 declarando el 24 de abril como “Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos”. “Este reconocimiento -en palabras de los descendientes de los armenios- es el testimonio de un compromiso vigente con los derechos humanos, el derecho a la verdad y la prevención de nuevos crímenes contra la humanidad”.

En ese sentido y con ese propósito recordamos y demandamos justicia junto a los hijos y nietos de los sobrevivientes armenios.

 

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