Archivo de mayo de 2012
En una nota de prensa difundida hoy el Partido Humanista anuncia que realiza sus elecciones internas los días 1 al 3 de junio. Será mediante el voto electrónico y se votarán autoridades nacionales e internacionales.No son obligatorias.
Lo que sigue es la nota de prensa.
“ElPartido Humanista realiza sus elecciones internas mediante voto electrónico”
“En una clara práctica dela democracia real, el Partido Humanista realizará, desde el 1 al 3 de junioinclusive mediante su sitio www.internationalhumanistparty.org, sus elecciones internasa través del voto electrónico de sus miembros plenos”.
“Es un claro ensayo de lademocracia real, donde el elector vota directamente al candidato para lasfunciones partidarias sin listas sábanas, por voto electrónico, que sonpropuestas que tenemos desde el PH y las llevamos a la práctica internamente.Luego de esa elección se conforma una lista que se presenta a consideración detodos los afiliados del país en cumplimiento de la Ley dePartidos Políticos”, manifestó la secretaria General del PH argentino, BernarditaZalisñak.
“Estas elecciones internas se llevarán adelante en formasimultánea en todos los países donde el Partido Humanista Internacional cuentacon militancia activa: serán parte miembros de 21 países de cuatro continentes.En ellas se elegirá a un nuevo Equipo de Coordinación Internacional y a losnuevos Equipos de Coordinación Nacionales”.
“En un momento en el que las poblaciones del mundo están buscandonuevas opciones para llevar adelante transformaciones sociales profundas, en elmarco de la No- Violencia y mediante la práctica de la Democracia Real, elPartido Humanista Internacional mantiene la plena vigencia de sus principiosfundacionales. Consideramos a nuestra fuerza política como una alternativa antela decadencia de la política tradicional de las democracias formales y vemos lanecesidad de profundizar los mecanismos de participación de las actualesdemocracias en los distintos continentes”.
Equipo de Coordinación Nacional Partido Humanista de Argentina
La historia que presenta Elefante Blanco es la de una “Villa”; la que rodea a un edificio enorme que es un sueño frustrado: estaba destinado a ser el más grande hospital de Latinoamérica, pero quedó abandonado por los avatares políticos y el fundamentalismo de los sectores antitéticos en Argentina. Lo concibió un socialista -explica el Padre Julián cuando muestra el lugar al cura belga que ha rescatado en la Amazonia-; lo pararon los militares; lo reanudó Perón y nuevamente los militares -¿qué tienen que hacer en el gobierno?- volvieron a discontinuarlo. Allí está la Villa 15 del barrio Lugano, que desde los ’80 se conoce como Ciudad Oculta. Está en la periferia de Buenos Aires, y allí conviven trabajadores y delincuentes.
De la película, digamos ante todo que es óptimo el trabajo del director Pablo Trapero. Lo decimos por su manera de filmar las secuencias de acciones prolongadas (la policía invadiendo la Villa, escenas con los narcos, las protestas, el drama del final) y por el modo de preparar a los intérpretes de los papeles secundarios con chicos y mayores que no son actores profesionales. También hay que destacar la intensidad conque presenta las escenas de la matanza del comienzo o el momento cumbre de suspenso cuando la negociación del personaje de Jérémie Renier con los narcos.
Decisivo también el trabajo de los actores. Darín ya nos tiene acostumbrados a actuaciones sobresalientes, pero la costumbre no le quita mérito: cada película es una nueva ocasión para expresar su versatilidad, esta vez en el papel del cura Julián. La señora Martina Gusman brilla en una interpretación que da verosimilitud a la historia y aporta el toque de humanidad necesario en medio de tanta violencia y deshumanización. Jérémie Renier (primera película que vemos de él) muestra sus dotes interpretativas al comienzo del drama y luego acompaña con corrección, lo que no es fácil. El hombre se destaca haciendo un papel de bajo perfil y muestra su solidez profesional. Los demás actores acompañan bien y los no-actores han sido bien asesorados.
En cuanto al guión creo que aquí hay algún que otro “pero”, sin que esto disminuya la obra. No entendimos -por ejemplo- por qué vomita la chica dentro del auto (¿los gases policiales? ¿Embarazo?: no nos dimos cuenta) pero aparte de ese cabo suelto -o difícil de asir- hay varias líneas de historias que marchan paralelas: el drama cotidiano de la pobreza; el conflicto de los curas con la jerarquía de la Iglesia; el conflicto interno de los sacerdotes atados a un celibato incomprensible; la permanente violencia policial; el “olvido” de los funcionarios; la corrupción; la droga en el submundo de la pobreza y otros. La Villa es protagonista y todo se descubre en ese lugar que la gente llama Ciudad Oculta.
La música, demasiado protagónica al comienzo, acompaña y potencia los aspectos dramáticos y el suspenso. Contrariamente, no nos gustó el tratamiento casi al estilo colombiano de la escena de persecución entre narcos por las callejuelas de la villa pero igual tiene la credibilidad que le aportan los habitantes del lugar y el manejo de los planos del director Trapero, un excelso narrador de historias. A propósito del arte de narrar, comparada con la reciente “Carancho” y anteriores como “Familia Rodante” o “Leonera”, este drama fílmico deja alguna duda/deuda pendiente, sobre todo en el final.
Todo lo dicho no invalida -ni siquiera disminuye- la película que nos enfrenta a nuestras carencias como sociedad latinoamericana: en las villas viven argentinos marginales de muchas provincias que no se han logrado insertar en este medio social y paraguayos, bolivianos, peruanos y otros que tratan de sobrevivir cómo se pueda.
Resumiendo: excelente trabajo de dirección, notable Darín, muy bueno el trabajo de Jérémie Renier y Martina Gusman y una ambientación humana y material verosímiles. No hay una glorificación de los personajes marginales pero tampoco un juicio adverso. La miseria es tal como se la pinta y está relacionada con todos los temas planteados y nos invita a reflexionar, viendo el ejemplo de los curas y los asistentes sociales sobre nuestro propio papel como ciudadanos. ¿Seguiremos indiferentes o no mirando hacia las “ciudadesocultas”? ¿O aportaremos para que se humanice la sociedad?
En síntesis, otra gran película de Pablo Trapero.
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Autobiografía en verso - Editorial
Por Lola Mora
La casa donde me mudé en Agua de Oro es muy grande, y yo nunca viví en una casa grande. Voy y vengo por ella, ordeno, limpio, cambio el orden de los muebles, llevo y traigo mis costuras y mis libros (Viaje hacia los libros).
Cuando me siento a fumar (¿Por qué se fuma?), o a coser, escribo (Escribir en el Siglo XXI). Escribo en cualquier pausa del día, como si escribir fuera respirar o algo así. En los moldecitos de los vestidos que le hago a Lola escribo (Reflexiones sobre la moda), y en la parte de atrás de las boletas del teléfono, la luz, el agua, alumbrado, barrido y limpieza.
Pero extravío todo: los utensilios de limpieza, las lapiceras, los hilos y agujas, las telas de hermosos colores. ¿Dónde dejé la escoba con la que estaba barriendo hace un minuto, dónde el papel de la cuenta de la luz en cuya parte de atrás escribí un poema, en dónde el hilo azul? Apenas puedo pedirle algo a mi vieja memoria, ya se me desordena (Técnicas para olvidadizos o para no olvidar).
Ayer escribí la entrada de hoy, para ustedes, con una cita de Lampedusa, el autor de El Gatopardo, a quien acababa de redescubrir y quería compartirlo… Compartir su mirada extraordinaria, compartir los finales del siglo XIX y los principios del XX, y Palermo, Sicilia, y Garibaldi (Movimientos sociales y políticos del siglo XIX), y su mirada -la de Lampedusa, digo- otra vez, de príncipe que se hunde en las tinieblas de la modernidad (Inmigración versus globalización).
No encontré lo escrito ni tampoco el libro de Lampedusa, maravilloso príncipe, ni nota alguna sobre el caso, ni la cita, claro, que decía algo relacionado con el escribir sobre cuestiones individuales para ser transformadas en… universales… bueno, a tanto no puedo llegar yo…
Pero ahora que me quedé sin nada escrito para hoy, y que casualmente no tengo inspiración alguna para borronear alguna de mis locuras y extravagancias, encuentro un cuadernito bastante viejo (La melancolía como experiencia estética…). Se ve que yo a los cuarenta años intenté escribir mi biografía.
¡Pero intenté escribirla toda en poesía!
Estos versos me salvarán, hoy.
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Por Mora Torres.




