Estrategia para Honduras

adhieroCada vez que hay un encuentro internacional de Presidentes y Jefes de Estado, Cristina Fernández de Kirchner representa dignamente a la República Argentina. Sus condiciones de estadista, su carisma personal y su claridad de ideas se destacan y suscitan admiración. En el almuerzo de los presidentes que abrieron la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas (ONU), CFK compartió la mesa del secretario General, el coreano Ban Ki-moon.

En ese lugar se sentaron también Barack Obama,; el presidente de China, Hu Jintao; el de Rusia, Dimitri Medvedev; la de Finlandia, Tarja Halonen y el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, entre otros. El presidente de los EEUU habló con cada uno mientras los demás seguían conversando entre sí, pero cuando se dirigió a Fernández para intercambiar sobre la situación en Honduras todos hicieron silencio para seguir el diálogo. El intercambio terminó con un elogio del presidente de Obama: “Me interesa conocer su opinión sobre esta cuestión porque usted tiene liderazgo en la región”.

En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas abarcó los temas de mayor significación, entre los que se destaca lo relativo a Honduras; la protesta ante el gobierno de Irán por ignorar el reclamo de extradición de un presunto terrorista que habría actuado en el atentado a la AMIA; la situación del medio ambiente y el reclamo por la soberanía argentina sobre las islas Malvinas. A continuación pasajes significativos de ese discurso:

“Debo confesarles -comenzó diciendo CFK- que cuando llegué a esta ciudad tenía pensado iniciar mi intervención con una fuerte apelación a la necesidad de reconstruir el multilateralismo y la cooperación como los dos elementos básicos para poder superar la crisis económica y social. Pero algunos hechos que sucedieron entre el lunes y el martes hacen que comience contándoles que en Tegucigalpa, República de Honduras, a la embajada de mi país hace dos días que le han cortado la luz”. Dio  detalles y se refirió también a la situación de la embajada de Brasil, donde se encuentra Zelaya, en la que tampoco hay agua y gas.

Calificó estos hechos como medidas que van contra los derechos humanos y que no tomaron ni siquiera las paradigmáticas dictaduras de Pinochet en Chile o de Videla en la Argentina: “…no hubo un comportamiento similar con embajadas que trabajan activamente en el asilo de los refugiados” dijo, y llamó “a realizar una tarea de salvaguarda de lo que constituyen los dos valores básicos que ha logrado construir nuestra región y que son la democracia y la vigencia de los derechos humanos”.

“Es imprescindible -enfatizó- que tomemos conciencia que si no construimos y diseñamos una estrategia multilateral fuerte que haga retornar la democracia en Honduras, que ponga en ejercicio efectivo el respeto a los derechos humanos, que asegure que haya elecciones libres, estaremos sentando un severo precedente en una región que durante décadas sufrió interrupciones democráticas”.

“Definir multilateralismo -advirtió- va a exigir por parte de todos nosotros acciones y reglas concretas para que absolutamente todos tengamos los mismos parámetros a la hora de juzgar conductas y situaciones institucionales”.

Concluyó con una síntesis convincente: “Democracia, vigencia de los derechos humanos, reglas similares para todos los países del mundo son las tres claves para construir una nueva multilateralidad y que estas tres exigencias sean parejas para todos, pero sobre todo para aquellos que por acción propia y por desarrollo social y económico lideran los grandes países desarrollados del mundo”.

Ayer jueves fue el turno del capítulo económico en Pittsburg, la “ciudad del metal”.