La Muerte de Bin Laden II

En la nota anterior planteamos que había dudas y confusiones en torno a la suerte de Osama Bin Laden, que  se corresponden con un modo de proceder equívoco y poco transparente. El mismo hecho, de partida, apenas si tiene el crédito de la demostración por la negativa: “no debe, no puede ser mentira”. Paradójicamente, se supone que el nivel con mayor capacidad de falsear los hechos -la administración pública- no puede arriesgarse en este caso porque esta en juego su prestigio. Hasta los detractores piensan que, si bien se han comprobado tanto sus mentiras activas -caso armas químicas en Irak- como las pasivas -promesas incumplidas- en este asunto no es posible porque hay mucho en juego. Por lo tanto, queda “acordado” que ha muerto.

Se acepta entonces aunque no se hayan brindado pruebas. No hay posibilidad de verificar la muerte y habiendo desaparecido el cadáver  es imposible comprobar la fecha y las circunstancias del hecho, e incluso si es que ocurrió realmente.

“Una imagen vale más que mil palabras” reza un dicho popular. En este caso, la falta del cadáver abre mil sospechas, más aún cuando las primeras fotos que difundió la televisión paquistaní fueron descalificadas por falsas.

La intromisión de un grupo armado norteamericano en otro país (Pakistán) es una violación del Derecho Internacional; a menos que admitamos -observando lo que pasa en Libia en estos momentos- que esas normas se aplican discrecionalmente. Tampoco satisface la tesis de que sea un caso de “Imperialismo por invitación” (cuando un país llama a otro a intervenir en su territorio, caso Afganistán con la URSS, en 1979, por ejemplo). Excepto, tal vez, que el gobierno de Pakistán se haya decidido a entregar a un protegido que le dificultaba negocios colaborando con Estados Unidos. En  estas primeras horas, no está claro este punto.

¿Por qué no fue capturado con vida para  juzgarlo normalmente de acuerdo a las normas del derecho de los EE.UU.?  De haberlo hecho, los crímenes de OBL hubieran tenido una trascendencia que los tornaría imborrables de la memoria de los humanos y la condena hubiera sido casi unánime. Ahora, las especulaciones que abre su desaparición van desde que no murió sino que acordó su desaparición con los Estados Unidos –no lo decimos nosotros-  hasta que fue vejado a tal punto que no se pudo mostrar su cadáver, pasando porque su muerte ocurrió hace tiempo.

¿Por qué no se mostraron las fotografías al mismo tiempo que se hacía el anuncio? Las fotografías siempre fueron manipulables y con la tecnología actual pueden serlo mucho más. La difusión tardía de cualquier documento gráfico es injustificable y le quita seriedad a lo que mostrarán.

Estados Unidos no tiene reservas de credibilidad en el mundo. En América Latina no la tuvo nunca, ni para las clases dominantes que se beneficiaban con sus negocios, pero en el resto del mundo se ha ido cayendo y con rapidez, a partir de las mentiras sobre armas químicas  para intervenir y matar civiles en Irak,  las torturas y vejaciones a presuntos terroristas árabes (recordemos las fotos) en diversas cárceles, que aún continúan en Guantánamo según recientes declaraciones de Amnesty Internacional.

¿Por qué van los fieles a creer que se respetó el ritual islámico? ¿Después de los agravios que se han hecho al Corán como libro sagrado, las vejaciones a las prácticas religiosas en las cárceles -hay fotos- y otras que fueron reveladas por WikyLeaks?

Si es cierto que ha muerto, ha sido el fin de  un antiguo socio de los Estados Unidos, el que se atrevió a desafiarlo en su propio territorio y causó la mayor devastación y temor que hayan experimentado los estadounidenses en la última década. Tiene lógica que la inmensa mayoría de los ciudadanos  experimentemos alivio, pero relativo. Es mayor el efecto simbólico que el real y es optimista suponer que este será un avance hacia la paz en el mundo. Hay más cosas que dependen del gobierno de Barack Obama que las que dependían de Bin Laden.

Si la muerte de un líder no significa el fin de un movimiento, mucho menos la desaparición física de una persona que estaba acosada aunque protegida al más alto nivel en Pakistán. Hace casi 10 años que Bin Laden -lo sostienen muchos analistas- no planeaba directamente  las acciones como si ocurrió en Nairobi (Kenia) y  en Tanzania en el año 1998; contra el crucero US-Cole en 2000 en Yemen;  y más tarde en el ataque contra las torres gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001. Aún siendo igual de terribles, los de  España el 11 de marzo de 2004, o el 7 de julio de 2005 en Londres, no es seguro que lo tuvieran como cerebro.

La muerte de OBL no detendrá a Al Qaeda. Las características de la organización son similares a una “franquicia”, a “una marca” que se utiliza reuniendo ciertos requisitos. Acotamos de paso que está tesis la sostuvimos en 2005 desde el programa “Cuadro de Situación” en Radio Nacional Clásica de Buenos Aires,  Argentina y ahora tiene muchos entusiastas seguidores.

Más allá de lo anterior, salvo en los primeros atentados, nadie tomó como bandera a Bin Laden. Tampoco es probable que ocurra ahora. No sólo porque el rechazo al terrorismo es unánime en todos los pueblos del planeta sino porque son pocos, hay otros líderes  dentro de esa minúscula porción de fanáticos religiosos y, como se ha dicho, porque no es un Movimiento. Es  una marca. En todo caso, será un signo, algo como “los arcos dorados” de Mac Donald.

Ahora se vienen las películas.