Entradas con la etiqueta ‘Javier Astigarraga’
Las cartas de Javier Astigarraga que periódicamente publica La Gaceta de Tucumán, el diario más importante del Norte de la Argentina, también son reproducidas en este blog porque son uno de los indicadores de las pulsaciones de esa parte del país. El ojo certero del vasco va al punto y en pocos caracteres liquida el asunto.
Con el título que utilizamos para esta notita aquí va el texto de Javier:
“Como toda conciencia tiene un interés y con la crisis este se destapa, aquel que no tenga intereses solidarios que le den una cierta unidad interna, entra en confusión, confunde todo y oscurece el panorama. Eso parece estar ocurriendo en los comienzos de la temporada electoral, con los intentos políticos de armar una fuerza opositora. Se abrazan y critican y, en lugar de sumar, restan. Eso, en una política sana, puede llegar a ser fatal.
“Parafraseando al Viejo Vizcacha: “No hacen nada más que mostrar la hilacha”.
“Si se propusieran un interés que valorara lo humano e intentaran superar la discriminación en la que se encuentra sumergida una gran parte de la población, debido a los abismos de las injusticias sociales, se les aclararía un poco el panorama y verían más claro. Pero como les ocurre siempre a los poderosos de turno, su interés les tapa todo. Y no se tiene en cuenta la vida de la gente.”
Javier Astigarraga
avastiga@arnet.com.ar
La sección Correo de lectores de las publicaciones diarias o periódicas en papel suelen ser un termómetro de los humores sociales, del nivel de cultura, de las preocupaciones más acuciantes, del interés por los otros. Todo un material para la sociología. Conocedores del atractivo que tiene la sección para el público –suele estar entre las más leídas- los editores las manejan con amplitud. La libertad de expresión permite así que aparezcan perlitas que muestran preocupaciones de la gente que no se advierten a primera vista. Nuestro amigo Javier Astigarraga intercambia líneas y hace esgrima con Carlos Fraile, ambos en La gaceta de Tucumán, Argentina.
Sábado 19 de Marzo de 2011
EL RESENTIMIENTO
La creciente violencia social en que vivimos, es provocada por el resentimiento y la injusticia social con la que sufren diariamente sus autores. Si los medios para poder alimentarse y educarse beneficiaran a todos, sería un primer paso. Pero la dificultad mayor que se le opone es cultural. La violencia discriminatoria se ejerce en nuestras propias relaciones, por ejemplo: “Son unos vagos y encima les dan plata para que disfruten”. Aunque tener algo, no sea sólo fruto del esfuerzo personal sino de circunstancias positivas. La desigualdad social y cultural origina ese resentimiento y genera injusticia, porque el “ladrón de gallinas” es castigado y “el ladrón de guante blanco” puede llegar a evadir su castigo. Es un abismo social entre los que tienen y los que no tienen, que no se achica por lástimas ni por limosnas, sino únicamente con una justicia retributiva que supere los abismos sociales. Sólo se atenúa en la relación igualitaria de tratar a los demás como quisiera que lo traten a uno. Y esa tarea la deberíamos realizar con los aportes de todos como sociedad. No sólo exigirla a los gobiernos.
Javier Astigarraga
Réplica del lector Carlos Freire
DIFERENCIAS SOCIALES (20/03/2011)
Con respecto a la carta publicada del 19/3, del lector Javier Astigarraga, quiero expresar que es verdad que las diferencias sociales producen violencia, es el único punto en que concuerdan los que piden la pena de muerte y los que no la quieren. Pero no comparto su opinión cuando le tira todo el peso a la sociedad y disminuye el de los gobernantes, por que la sociedad se mueve y se estructura sobre la base de los proyectos de gobiernos, Acá, desde 1976 a esta parte, se cerraron más de 200.000 fábricas; nuestro país se endeudó en cifras astronómicas y se destruyó la escuela publica, resultando de ello la destrucción de la familia y la educación publica. Esto se revierte con un plan de industrialización, desarrollando la pequeña y mediana empresa, seleccionando los capitales que vienen a invertir, cosa de no caer en mano de capitales buitres. Se deben imponer barreras aduaneras, crear mano de obra capacitada, dignificar el trabajo y no la vagancia, tener un plan educativo serio, crearles a los chicos proyectos de vida que tengan motivos para estudiar y aplicar las leyes y respetar la justicia. Lo demás es cuento y no cambia nada.
Carlos Fraile/ carlosfraile481@hotmail.com
EL CAMBIO (22/03/2011)
En respuesta al lector Carlos Fraile (carta del 20/3), cito al sabio poeta: “Nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. ¿Nuestros representantes políticos no forman parte de nuestra sociedad o son habitantes de otros mundos? ¿De qué cultura se han formado y nutren? ¿Qué estructuran y planifican si libertad y democracia son sólo palabras que nunca se cumplen salvo para los poderosos? Y pensar que un 10% de lo gastado en armas eliminaría el hambre del mundo. Cuento es creer que esta forma de vivir que nos trajo hasta aquí nos vaya a dar respuestas. Que haya que cambiar nuestra hipócrita forma de actuar es correcto, pero ciertamente conformamos un sistema de poder corrupto y si alguien quiere buscar culpas de eso todos somos culpables. Ya a ningún líder pueden cambiarlo, debe ser entre todos y comenzar por cada uno y “no hay cambio que tenga sentido, si se pierde el sentido de la vida humana”
Javier Astigarraga/ javastiga@arnet.com.ar
“La Gaceta”, diario de Tucumán, Argentina, ha publicado hoy -sección de los lectores- una carta de Javier Astigarraga. Con el título “Egipto y Libia” es una reflexión sobre la discriminación, la violencia y el sentido de los actos humanos con base en el pensamiento de Silo.
“Egipto y Libia – La discriminación es violencia apropiativa y conduce al dominio sobre otros. Produce el temor a perder ese poder, que sigue causando tanto daño a los hombres. Violencia no es sólo el hecho armado de la guerra. Existe una sola regla de oro: “tratar al otro como quiero ser tratado”; esto nos obliga a vernos a nosotros mismos para reconocer que ni aún lo peor del criminal nos es extraño. Y si lo reconocemos es porque está también en nosotros. Porque los seres humanos buscamos, con distintos matices, el mismo ideal libertario, frustrado siempre por promesas incumplidas. Los sucesos de Egipto y Libia describen esa discriminación apropiativa, apoyada por gobiernos y monopolios económicos, que lucraron con exuberantes beneficios y justificaron todo tipo de aberraciones, como Gaddafi y los líderes petroleros, que acumularon lujos y fortunas sobre la pobreza, la explotación y la muerte de sus propios hermanos. “No hay cambio que tenga sentido, si se pierde el sentido de la vida Humana”.
Javier Astigarraga
javastiga@arnet.com.ar




