Los Humanistas también nos dirigimos a la señora Presidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, como ha hecho el pueblo Q’om.
Ratificamos señora lo que decimos públicamente: desde 2003 la Argentina ha tenido los dos mejores gobiernos desde 1955 a la fecha aunque todavía hay una agenda pendiente para cumplir en los próximos cuatro años y vamos a votarla para que lo haga. Tenemos también algunas diferencias principalmente en materia ecológica (agua, bosques, desertización) y respecto de la explotación minera y de hidrocarburos. Esperamos tener la oportunidad de opinar y reflexionar juntos sobre los puntos de diferencia y comprometemos nuestro apoyo para ayudar a cumplir la agenda pendiente.
Por eso, señora, los humanistas también solicitamos su intervención personal para que sus funcionarios incluyan los asuntos de los hermanos originarios como prioridad. Ellos están primeros en todos los asuntos no resueltos aún.
Porque
Si se trata de honrar la vida comencemos por preservar la existencia de los pueblos originarios en la persona de sus descendientes.
Si se piensa en erradicar la pobreza, los descendientes de los pueblos originarios están primeros entre los pobres más pobres.
Si se piensa en la deuda histórica del Estado, a ellos se les debe desde antes de que exista el Estado.
Si se trata de incluir a los marginados, los pueblos originarios fueron los primeros excluidos.
Si se trata de garantizar la salud, ellos están enfermos de abandono.
Si se trata de educar, a ellos no les alcanza con aprender en castellano; les corresponde la conservación de su lengua.
Si se trata de igualdad de oportunidades primero habrá que considerarlos iguales y no discriminarlos.
Si una sociedad defiende la moderna propiedad privada, a los descendientes de los pueblos originarios se les deben devolver territorios que fueron suyos desde siempre.
Si hablamos de justicia social esta sociedad debe facilitar el trabajo y la vivienda de los hermanos originarios en la tierra de sus antepasados.
Los humanistas estamos con usted y con los pueblos originarios que son los primeros entre los acreedores de nuestra deuda interna.